Albert Cano
El descubrimiento (¿por sorpresa?) de que Irán tenía una planta nuclear en Qom y la reciente condena de Obama, Sarkozy y Brown al plan nuclear iraní, tras hallar pruebas de que el régimen islámico enriqueció uranio durante años, ha vuelto a situar "todas las opciones encima de la mesa".
Por el momento, las vías diplomáticas se mantienen abiertas, después de que la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, arrancara la promesa a las autoridades iraníes de que permitirían la inspección de la planta clandestina de Qom. Pero algunos movimientos de Obama indican preparativos para lo peor.
Por ejemplo, la decisión de no instalar el escudo antimisiles en Europa del Este (con el disgusto de los países de la zona), podría atraer a Rusia al campo de los que quieren endurecer las sanciones económicas contra Ahmadineyad. Pero no sería suficiente. Obama y sus aliados deberían emplearse a fondo con China, con intereses en Irán y reticente a cualquier tipo de presión contra el Gobierno persa (a su vez, debilitado por una oposición que no reconoce la legitimidad del triunfo electoral de Ahmadineyad en junio).
A todo ello hay que añadir que los servicios secretos occidentales no se ponen de acuerdo sobre cuándo tendría Irán el arma nuclear (los persas llevan tres años jugando al gato y al ratón en esta cuestión). Y otro actor clave de la zona, Israel, amenazado en su supervivencia por los iraníes, podría no esperar lo suficiente (incluso saltándose órdenes de su aliado, EEUU) y actuar por su cuenta, para evitar que Irán se conviertan en potencia atómica.
La partida está abierta, pero cada vez queda menos tiempo. Por cierto, si Obama optara por algún tipo de solución bélica, ¿pasaría a ser tan malvado como Bush junior?