Fernando Jáuregui
El viaje de vuelta de Copenhague fue triste. Y ahora, ¿qué? Pues eso: que Zapatero acababa de deglutir, además de la derrota de la sede olímpica, unas malas cifras del paro, nuevamente, que él sabía que se convertirían en titulares más o menos como los que aparecían este sábado: se acabaron los efectos del ´Plan E´. Por su parte, Mariano Rajoy, para colmo de la victoria de Río de Janeiro sobre Madrid, tenía que mirar de reojo hacia la Plaza de la Cibeles: ¿qué hará ahora Gallardón? ¿Trasladará su eterna inquietud de ambiciones hacia la cúspide de su partido? Eso, por si el pobre Don Mariano no tuviese bastante con los disgustos de la ´trama Gürtel´ en la capital y en Valencia, donde la última palabra no ha sido aún dicha, ya verán ustedes cómo no. Y Gallardón. En el vuelo de regreso, dicen que Gallardón se esforzaba por no echarse abiertamente a llorar. Quién sabe lo que pasará ahora con Alberto Ruiz Gallardón, un ciclotímico capaz de ilusionar a millones de madrileños en pos de un sueño que bien habría podido realizarse si no hubiese sido porque desde el comienzo todos sabían que ´tocaba´ otra ciudad, otro continente, otras circunstancias. Ello no impidió ni los gastos ni los fastos. Y, aunque tengo para mí que, a corto plazo, el alcalde madrileño se va a ver envuelto por una oleada de simpatía, la que rodea a los perdedores que en la lucha han derrochado coraje, a medio y largo plazo me parece que no va a ser así. Ni mucho menos: en el PP siguen sin quererlo demasiado y no son pocos los ciudadanos irritados ante el ´estado de obras´ en el que el alcalde, secundado por el ´plan E´, ha situado, y sitiado, a Madrid.
Claro que la inercia y la ineptitud del PSOE en estas cuestiones se lo ponen siempre fácil al polémico Gallardón: a estas alturas, los socialistas siguen sin designar un candidato a la alcaldía madrileña. Se diría que Zapatero, que tan efusivamente abraza y tan bien habla siempre del regidor de la Villa y Corte, está encantado con tenerlo ahí, o incluso de promocionarlo a más altos destinos, si pudiera y estuviera en su mano. Pero no lo está, y tendrá que resignarse a tener a Rajoy enfrente de cara a las duras confrontaciones que vienen. Tengo la impresión de que el futuro de Gallardón es apenas el presente. Puede que siga siendo alcalde, simplemente porque no hay nadie más, allá por el 2020, cuando tal vez hayamos logrado albergar en Madrid unos Juegos Olímpicos. ¿O no será así, que diría el gallego Rajoy?