Domi del Postigo
Que no, que el pensamiento no puede tomar asiento. Eso lo cantaba Aute, y ahora lo canta la necesidad de no tragarnos el sapo de la anormalidad cada vez que nos enteramos de lo último que pasaba en la charca cotidiana. Detrás de toda esa carroña pseudopolítica que impregna de comisiones inconfesables, coches de lujo de regalo, o relojes de marca que valen como doscientas veces los iguales de otras marcas más baratas, ofrecidos como churros que llevan por dentro la aceitosa marca de su denominación de origen, untada y untuosa a un tiempo, para que resbalen en la muñeca institucional adecuada…; detrás de todo eso, y de las conversaciones grabadas que inundan los periódicos y las radios, están otras anormalidades que, aunque legales, son sólo tragables por el anómalo hecho de ser consumadas por el tiempo.
Por ejemplo, cómo se pueden encajar desde la inteligencia y cierta conciencia colectiva los privilegiados pluses de los ex directivos de Urbanismo en Málaga. Y más en estos tiempos de sangría laboral, la única crisis verdadera de lo que nos está trayendo este nuevo estallido del capitalismo, leído, eso sí, según la peculiar manera de unos cuantos que van a lo suyo caiga quien caiga. Que esos pluses sigan hoy vigentes tras casi 20 años de haberse aprobado por consenso municipal (aprobado entonces incluso por algún ex jefe que hoy los cobra, aprovechando la regularización de las situaciones laborales que había en 1990 en la siempre controvertida gerencia de Urbanismo), y el hecho de que hasta ahora no se hayan puesto jamás en tela de juicio, no es del común entendimiento. Y es que, al margen de lo que digan los juzgados de lo Social acerca del ´defecto de forma´ sobre la demanda que ha puesto el comité de Empresa de la Gerencia para terminar con estos suplementos (buscar el defecto de forma es la ´trampa´ habitual para tumbar una demanda desde la ley, que no siempre es lo mismo que desde la justicia), el hecho de que sean ya diez ex directivos quienes siguen cobrando unos 2.000 euros de dinero público al mes, sumados a sueldos que ya rondan los 4500 euros, no deja demasiado margen para que haya muchos ciudadanos dispuestos a entenderlo. Unos suplementos mensuales de esa cuantía sólo por el mero hecho de haber sido jefes de departamento es, sencillamente, una realidad incomprensible. Sobre todo tratándose de ex directivos razonablemente remunerados en su momento, y con el correspondiente prestigio profesional que su cargo les aportaba, junto a las relaciones acumuladas en un organismo importante y de la quinta o sexta capital de España. Un sacrificio, vamos.
El día que se le perdió el respeto al dinero de todos, validando desde la legalidad situaciones desigualitarias como ésta, y destinando por y para unos pocos el dinero de los demás, el sistema se empezó a alejar de aquellos a quienes se les exige siempre que sean ejemplares a la hora de pagar. Cuidado.