Domi del Postigo
Se vinieron cuatro días en abril. Y atiendan bien, por favor, qué pueden hacer y cómo un puñado de estudiantes trabajando en un barrio complejo, de ésos que están a la sombra de la parte iluminada de las ciudades. Su inquieto profesor de Proyectos en la Escuela de Arquitectura de Granada, José María Romero, les propuso que, como ya habían hecho en la barriada de Almanjáyar, conocieran la malagueña barriada Palma-Palmilla, desde dentro, y que plantearan junto a los vecinos que se animasen a colaborar las mejoras posibles que hagan del barrio lo que hoy no es pero podría ser hoy.
Se trataba de que los mismos vecinos (asesorados técnicamente por aspirantes a ser arquitectos no sólo del ladrillo y la cosmética sino de la lógica que se construye a trazos de ética bien diseñada) se atrevieran e ilusionaran a pensar desde lo posible el lugar donde viven. Los resultados son apasionantes, aunque se puedan constatar con erratas y alguna falta incomprensible en una moderna publicación financiada por el ayuntamiento. En sólo cuatro días los rostros que en sus fotografías se descubren del anonimato cotidiano, los de vecinos y vecinas, estudiantes, trabajadores municipales y profesionales del asociacionismo y otras disciplinas que trabajan en el barrio, han formado un equipo que ha conseguido resultados palpables que mejorarían con poco dinero calles, plazas y descampados del barrio, y la accesibilidad, dignidad y calidad de vida de quienes lo habitan. Obras para la vida en la barriada según la vida y obras de quienes se han empeñado en ese trabajo.
El equipo Romero ha analizado desde la distancia técnica, sin la presión de las cuotas ni la disciplina partidista, las propuestas para el barrio de los distintos partidos, comprobando que la mayoría de ellas o son poco realizables en el tiempo, o están alejadas de las verdaderas necesidades de los vecinos. La aguerrida representación del barrio, con la señora Josefa, el rehabilitado Chule, doña Lola, Isabel y Juan, la imparable Agustina, el justo Antonio; Marta, la guapa arquitecta del proyecto Alalá; y la gente que lleva años trabajando con ellos en un destino que no pide casi nadie, como Almudena y los suyos, o, entre otros igual de importantes que el espacio no permite citar, como Alejandro de la palmillera radio Onda Color, que anduvo retransmitiendo con sus compañeros reuniones, actividades y conclusiones de este laborioso abril para el barrio.
Iluminando la oscuridad, porque algunos nos hacen las casas y luego las casas hacen a quienes las habitan sin posibilidad de elegir, y las de la Palma Palmilla fueron hechas injustamente a la sombra del foco urbano, lo que confirmó el tiempo y la dificultad económica. Porque, claro que la arquitectura es "política hecha con cal y piedra", como decía Ulrich Beck; y política de verdad es lo que se ha hecho en La Palma Palmilla este abril malacitano. Qué harán ahora nuestros políticos con esas conclusiones…