En memoria de Véra Nabokov

 22:50  

Rafael de la Fuente Uno de los escritores más importantes del siglo pasado, Vladimir Nabokov, no lo dudó. Su mujer, Véra, tampoco. Desde 1961 el Montreux Palace sería su casa. El hotel, visto desde el lago Lemán es una belleza. Tanto por el entorno, por su arquitectura neo-clásica, como por los famosos toldos amarillos que protegen sus ventanas. A pesar de que Montreux es el único lugar del lago Lemán (o lago de Ginebra, para los de habla inglesa o alemana) que tiene la mala suerte de tener que soportar un monstruoso bloque de apartamentos en la misma orilla del lago, no muy lejos del hotel. De todas formas, no deja de ser la única muestra de la barbarie de la arquitectura del siglo XX que nos encontraremos en los 73 kilómetros que hay entre los dos extremos del lago Lemán. A otros les ha ido peor. Pero es obvio que el edificio hubiera estado mejor en otro lugar, donde esos horrores son hoy en día la regla y no la excepción. Afortunadamente los Nabokov se habían acostumbrado. Simplemente habían dejado de verlo. Las bellezas de Montreux compensaban de sobra ese solitario patinazo estético.
Durante décadas, la pasión de los Nabokov por su hotel fue en aumento. Sobre todo desde que decidieron trasladarse a una ´suite´ de habitaciones en la sexta planta. Y aquella fue hasta el final de sus días su hogar. Casa privilegiada y con vistas espléndidas sobre el lago y las montañas vecinas. Sin olvidar que al alcance de un toque de timbre tenían de una forma muy especial a su disposición el legendario buen servicio de uno de los grandes hoteles suizos. Por cierto. Suiza fue para los Nabokov algo más que un país bellísimo, limpio y ordenado. Les tranquilizaba vivir en un lugar donde los que gobernaban no eran ni sus enemigos, ni querían convertirlos en cómplices y mucho menos hacer de salteadores de caminos. Cosa que agradecían después de haber tenido que atravesar uno de los siglos más turbulentos de la historia de la humanidad. Me lo contaba hace algunos años el director del Montreux Palace, Alfred Frei. Mientras cenábamos en una noche de verano junto a nuestras esposas en La Fonda, en la plaza del Santo Cristo de Marbella. Plaza bellísima, presidida desde la segunda mitad del siglo XVI por una maravillosa pequeña iglesia, que tanto nos recuerda la joya que es la arquitectura popular andaluza. Como decía mi amigo, el buen hotelero suizo, hay muy pocos lugares en el mundo donde puedes tomar una sopa de pescado en la que de vez en cuando te caen las flores de un jazmín inmenso que hacía de dosel en el patio.
El genio múltiple que fue Vladimir Nabokov (escritor en estado de gracia constante en inglés y en ruso, además de ser un notabilísimo entomólogo) tuvo la suerte de tener un biógrafo a su altura: el profesor Brian Boyd. Nos relata éste que Véra Nabokov le había dicho que la mencionara lo menos posible en la biografía, ya que su marido "tuvo el buen gusto de dejarme siempre fuera de sus libros." Nunca quiso, ni siquiera veladamente, aparecer en los textos prodigiosos del escritor. Aunque ella hubiese sido fundamental en la vida y por lo tanto en la obra literaria de Vladimir Nabokov. Entre otras cosas, por tener en su haber el rescate de las llamas de manuscritos que su marido intentó destruir. Esas obras son ahora patrimonio de la literatura universal.
En aquel barrio elegante del San Petersburgo de principios del siglo XX, donde la familia Nabokov tenía su casa en el 47 de la calle Morskaya, también vivía la familia Slonim. Véra, la segunda de las hijas, pasaba con frecuencia delante de esa casa. Pero ellos no se conocían. Su padre, Evsey Slonim, había sido uno de los grandes abogados de la ciudad. Cuando entró en vigor una ley zarista que prohibía ejercer la abogacía a los judíos, se negó a dejar su religión. La revolución rusa, la guerra civil y el exilio de ambas familias hicieron finalmente posible que sus caminos se cruzaran en Berlín. Allí se casaron el 15 de abril de 1925. La llegada de Hitler al poder les obligó de nuevo a emigrar a Francia. Y de allí a los Estados Unidos.
Le comenté a mi amigo Afred Frei, que tendríamos que conseguir que Véra Nabokov, ya viuda, viniera a Marbella. Para sentarse a cenar bajo el jazmín de La Fonda. Mi buen amigo e ilustre hotelero nos hubiera ayudado. No pudo ser. Véra Nabokov falleció el 7 de abril de 1991. Sus cenizas reposan junto a las de su marido a 700 metros escasos del Montreux Palace.

  HEMEROTECA
  Las fotos 'raras y curiosas' del día

TEXTO

DESCRIPCION
 Ver galería »
  LA SELECCIÓN DE LOS LECTORES
 LO ÚLTIMO
 LO MÁS LEÍDO
 LO MÁS VOTADO
laopiniondemalaga.es es un producto de Editorial Prensa Ibérica
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de laopiniondemalaga.es. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.
 


  Aviso legal
  
  
Otras publicaciones del grupo Editorial Prensa Ibérica
Diari de Girona  | Diario de Ibiza  | Diario de Mallorca | El Diari  | Empordà  | Faro de Vigo  | Información  | La Opinión A Coruña  |  La Opinión de Granada  | La Opinión de Murcia  | La Opinión de Tenerife  | La Opinión de Zamora  | La Provincia  |  La Nueva España  | Levante-EMV  | Mallorca Zeitung  | Regió 7  | Superdeporte  | The Adelaide Review  | Blog Mis-Recetas  | Euroresidentes  | Lotería de Navidad | Oscars | Premios Goya