Luis Callejón
Si el señor Nobel levantara la cabeza seguramente se extrañaría con la concesión del Premio Nobel de la Paz de este año.
No porque se le haya concedido al Presidente de los Estados Unidos recién nombrado, sino porque siempre se conceden en todas sus ramificaciones por los trabajos bien realizados, por los descubrimientos hechos a favor de la humanidad o por las novelas o libros escritos que traspasan el interés intelectual a través de todas las fronteras. A nadie se le ocurre pensar que el Premio Nobel de Literatura se entrega a priori a un periodista o escritor que anuncie que va a escribir un libro que será "la releche".
Es cierto que el sr. Obama ha iniciado una particular lucha en su país para conseguir implantar la Seguridad Social para todos los americanos.
También es cierto que ha propuesto no implantar el escudo antimisil que quería implantar su antecesor y que no lo implantó.
Sin embargo, personalmente recuerdo lo que me decía mi abuelo: él entendía perfectamente por qué se perseguía a los traficantes de droga, pequeños, medianos y grandes e incluso se destruían las plantaciones que permitían su transformación evitando de esa forma muertes de jóvenes y menos jóvenes por su adicción.
Pero lo que no comprendía era por qué no se hacía lo mismo con los traficantes de armas a pequeña, mediana y gran escala, e incluso que se respetasen a países que una parte de su economía está basada en la fabricación de armamento.
Todo el mundo sabe que a las armas son capaces de matar a más gente en menos tiempo, incluso saltándose el límite de edad hasta el parvulario.
Después de que se le haya otorgado el Premio Nobel de la Paz al presidente de los Estados Unidos, sr. Obama, puede significar un rayo de esperanza para que en un futuro más o menos lejano se cierren las "plantaciones de armas nucleares", y también de todo tipo de armamento convencional, porque si no fuera así, los sabios que han concedido tan alta distinción al presidente de los Estados Unidos, habrían cometido un error histórico.
Todos los esfuerzos que el presidente de los Estados Unidos está haciendo para implantar la Seguridad Social en su país serán insignificantes comparados con los que tiene que hacer para frenar la fabricación de armas de destrucción masiva e incluso para destruirlas.
Posiblemente el ser humano no verá ni en tres ni en cuatro generaciones ese final y tampoco el sr. Obama vivirá tanto.
Quizás sea el momento de demostrar que realmente puede retener el título de Premio Nobel con un esfuerzo personal que no tiene que contar con pactos multinacionales como en el caso de las armas.
Se trata de romper el bloqueo injusto e inhumano que su país le tiene puesto a Cuba, sin entrar en consideraciones ideológicas, porque en la mayor isla del Caribe gobierna el mismo partido político que en China, y hoy por hoy, parece ser que es el mejor aliado económico que tiene Estados Unidos y sus habitantes no tienen prohibido visitar turísticamente, ni de negocios al gigante asiático.
Esta prueba del algodón es fundamental para saber realmente si es merecedor del Premio Nobel de la Paz por tratarse de una decisión personal del presidente de los Estados Unidos.
Estoy casi seguro de que si toma esa decisión incluso estaría apoyada por la ONU que tantas veces ha condenado el bloqueo y por la propia Unión Europea.
Pero si no lo hace, el algodón saldrá lleno de ácaros y tendrán razón los críticos que aseguran haber sido precipitada la concesión de tan alta distinción sólo por un cambio de talante del que tenemos experiencias suficientes.