El taxi malva
Permítanme transcribir en este digno rincón frases del guión de una película emitida en Canal Sur 2 la madrugada del sábado diez de octubre: “He amado demasiado a menudo, pero no demasiado bien”, “la ciencia ha progresado mucho pero aún no ha sido capaz de inventar al hombre sin equipaje”, “debe ser muy desagradable no reconocer que envejecemos”, “los ricos sólo tienen un derecho, el de esconderse”. La película en cuestión es ‘El taxi malva’. Muy buena. Ahora, la pregunta es ¿por qué los directores de programación, bajo qué baremo, deciden emitir este tipo de cine a la hora de los salones vacíos? Viendo lo que se ve, podemos decir que un director de programación es un teledirigible gordo sin criterio y amigo de universalizar la basura como medio seguro de mantener su nómina. A quien corresponda.
Francisco García Castro. Estepona
Ética para delincuentes
Después de veinticinco años entre delincuentes, comentando el cómo y por qué de Maddox, en la actividad ‘¿Truco o trato?’, en el centro penitenciario en el que ejerzo como educador social, el uruguayo me preguntó: ‘¿Qué es ética?’. Entiendo que pedagogía es poder comunicarle a un niño de siete años (edad en que adquiríamos antes el uso de razón, no como ahora) en qué consiste el pecado, y, pensando que el uruguayo, y el resto de asistentes a la actividad ya disfrutarán del uso de razón, le contesté: ‘¿Eres donante de sangre?’. El uruguayo me respondió: “Sí, pero no me dejan donar”. Yo lo humillé: “Pues yo sí: eso es la ética”.
El uruguayo que, según decía, tenía dos carreras y veinte años de emigrante internacional, no me bajó la mirada (ese pulso que los idiotas mantenemos cuando creemos que la testosterona se incrementa a través de los ojos), y con esa ocurrencia propia de los que cada día se ganan la vida, me derrumbó: “Entonces, ¿ser puta es también ética?”.
Claro, ni Savater, ni Aristóteles, ni Kant ni otros cuantos extranjeros cuyos pensamientos me he bajado de las nubes me habían prevenido contra un uruguayo con dos carreras y delincuente internacional. Los otros asistentes, mientras charlaban con sus novias, apenas se percataban de mi demolición: “Ética es dar a los demás, sin pedir. Es decir, entrega, solidaridad, altruismo. El siglo XXI es internacionalista, universal, global: la ONU, las oenegés, Amnistía Internacional, Greenpeace, son voluntades supranacionales que fomentan la igualdad entre los hombres: la única ética es la igualdad entre todos los hombres. Donar tu sangre, incluso tus órganos, sin saber a qué cuerpo irán a ayudar, eso es la ética”. ¿Qué tienen que ver las putas? –lo enfaticé, con cierta autoridad, sarcasmo y desprecio–.
“Tú eres un gallego satisfecho, sin memoria histórica, sin remordimiento. Ofrendas tu sangre, el sacrificio más primitivo, para purificar tu alma y pedir perdón por lo inhumano que eres. Una puta hace lo mismo: ofrece su cuerpo, su comprensión, su oído, para purificar las almas de un grupo de mamarrachos, fracasados, impotentes, desviados y cobardes: eso es ética”.
“Pero yo no cobro, lo hago por... ¿solidaridad?”.
“Tu mujer sólo te pasa la nota si te divorcias. Con la puta no te comprometes, por eso te pasa la nota cada vez que la abandonas. Entiendo que ética es soportar a un baboso, como tú, apenas exigiéndole una minuta por horas. Te doy todo lo que soy, todo lo poco que tengo: mi cuerpo, mi trabajo, mi voluntad, a cambio de... una minuta. ¿Es eso, educador?”.
Ese uruguayo de... ética no va a volver a participar en mí ¿Truco o trato?
Salvador Segura, educador de Instituciones
Penitenciarias y licenciado en Filosofía y Letras
Málaga