Pedro de Silva
Todos llevamos el virus del racismo, al menos en estado latente, como llevamos el del fascismo. Igual ocurre con enfermedades varias que el cuerpo se arregla para mantener a raya en su reducto. Por eso lo que importa no es la pulsión íntima, sino el modo en que la dominamos: ser persona consiste justamente en eso. Aunque el racismo se manifiesta de muchos modos, puede que el peor y más eficaz no sea el explícito, directo y brutal, sino el disimulado. Esa gente que tras decir lo que diga añade "y conste que yo no soy racista", o que hace de un negro chistes que nada tienen que ver con la raza, pero que no haría de un blanco. El escándalo por el premio Nobel a Obama, y los pretextos que se esgrimen para denigrar esa decisión, apestan a racismo, aunque quizá muchos escandalizados ni lo sepan. Carajo, Obama ya merece el Nobel por la proeza sin precedentes de haber llegado hasta ahí.