Pedro de Silva
Aunque dentro de un siglo apenas se recuerde la biografía del general Queipo de Llano, pilar de la victoria de Franco, su nombre seguirá vivo, como autor de la muerte de Federico García Lorca. La posteridad es así de cruel, y de justa. De lo que pensaban los actores que intervinieron en el drama (el delator, el que detuvo a Lorca, el general, el que dio la orden de fuego, los que cayeron junto a Lorca, Lorca), me interesa sobre todo lo de Queipo de Llano. En una decisión así uno forma un juicio en la cabeza, pesa y sopesa. Si fuera posible exhumar del cerebro del general el instante justo de la decisión, quizás tendríamos una radiografía del núcleo del franquismo, su epicentro, que era de hielo, como el infierno más creíble. Luego, alrededor del núcleo, había de todo, incluso infinidad de buena gente que defendía sus cosas o una forma de ser, pero la tumba de Lorca señala el epicentro.