Rafael de la Fuente
Curzio Malaparte había invitado al dirigente comunista Palmiro Togliatti a visitarle en su casa de Capri. Un hermoso edificio blanco, sobre el mar, con aquellas cristaleras que se llenaban de agua salada en los días de temporal. Entraron en la biblioteca. Togliatti miró a su alrededor. Allí tiene usted un cuadro de Dufy, le dijo a su sorprendido anfitrión. Algún tiempo después contaba el escritor que "un capo comunista che riconosce un Dufy a trenta passi" se merece un respeto. Tanto que Malaparte se embarca en un cambio radical de actitud hacia la izquierda italiana.
Me acordé de esa anécdota la semana pasada en la suntuosa desnudez blanca del CAC de Málaga, consagrada hasta el próximo 24 de enero a la obra del maestro Chema Cobo. Pintura en grises y azules submarinos. No por conocida y admirada por el grupo de amigos que nos congregamos allí, dejaba ésta de ser menos poderosa a la hora de apoderarse de las claves secretas de nuestro subconsciente.
En los espacios geométricos del CAC, los cuadros de Chema Cobo, formidables, avanzaban hacia nosotros, como un silencioso "ejército en orden de batalla" (Julio César, en La Guerra de las Galias). Agradecí el privilegio de estar aquel día en Málaga y poder seguir a Chema Cobo en esta vuelta al mundo de su obra en el espacio de un museo prodigioso. Y me acordé de los cuadros hermanos de aquella pintura milagrosa, al otro lado del mar, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.
Y esto me lleva de un salto a la antigua sede malagueña de Correos y Telégrafos, ahora convertida en el Rectorado de la Universidad. El palacio neomudéjar, que tanto se agradece en el modesto pero siempre añorado parque de la ciudad donde nací, albergó también la semana pasada un encuentro singular.
El Foro que lleva el nombre del Marqués de Nájera reúne todos los meses a un grupo de personas que comparten la pasión por el turismo. No pretenden ser los que más saben del tema, lo que no dejaría de ser una petulancia. Como la Magna Carta que el rey Juan otorgara a los nobles británicos en Runnymede hace casi ochocientos años, este Foro funciona admirablemente bien. No tiene estatutos, ni reglamento, ni normas escritas. Sólo las que dictan la sensatez en el análisis de las cosas de nuestra primera industria, la prudente laboriosidad y el arte de la amistad. A uno de sus miembros le correspondía aquel día ejercer de anfitriona: la rectora de la Universidad de Málaga, doña Adelaida de la Calle.
Reconozco que me llamó la atención algo que dijo la rectora: lo deseable que sería alcanzar en nuestra cultura, en nuestras actividades empresariales, a lo largo de todo el complejo tapiz social de la provincia, un mayor nivel de sofisticación. Me sorprendió muy gratamente que hubiera utilizado esa expresión. Algunos diccionarios españoles le dan al concepto de sofisticación un sentido negativo. No es así en los países de habla inglesa. Lo que no deja de ser curioso. ´Business sophistication´ es un índice para medir la capacidad óptima de las empresas y el desarrollo de un país. Era obvio que la rectora iba en la buena dirección. Como lo era que ella ya había puesto al servicio de este objetivo su talento y su formidable capacidad de trabajo. Tiene razón doña Adelaida. Esta sigue siendo una tierra rica en oportunidades. Lo prueba el que hace cincuenta años y a partir de cero se creara en la provincia de Málaga uno de los destinos turísticos más potentes del mundo. Eso sí. Como en tantas otras cosas, éste sigue estando muy necesitado de un mayor nivel de sofisticación.