El palique 

Bronca en el Parlamento

 07:48  

Jose María de Loma No se caracteriza el Parlamento andaluz por los debates brillantes ni por albergar en sus escaños a castelares. No son de mucha enjundia intelectual tampoco los monólogos que estos, nuestros representantes/funcionarios por cuatro años, bienpagados, lejanitos, diestros y siniestros, sevillanos de martes y miércoles, se traen entre manos y micrófonos.

Vamos, que el orden del día más habitual es el muermo en sus diversas variantes. Y eso sin perjuicio de que sea una institución eficaz y con gran producción legislativa. Sin embargo, en ocasiones montan el número, dan la nota o la lían y eso siempre se agradece, dado que en estos tiempos tristes, tristes por otoñales y tristones por la crisis se echan en falta momentos de distensión. En fin, que el grupo del PP se fue ayer del Parlamento tras una bronca. Los rockeros buenos vuelven al escenario tras un gran concierto y hacen un bis. Los políticos malos dan la nota y luego se van.

Esperanza Oña, portavoz del PP, se enfrentó ayer a la presidenta, Fuensanta Coves, (minuto de gloria) porque ésta no le permitió otro turno de intervención en un debate calentito en el que Oña aludió sin nombrarla a Marisa Bustinduy a propósito del ´caso Astapa´. El PP lleva tiempo agarrándose a una conversación de Bustinduy que figura en el sumario y en la que ésta expresa la necesidad de conversar por un teléfono ´seguro´. Con eso tratan de involucrarla o marear o meter dudas, cuando en realidad de lo que no tenemos duda es de que tenemos todos el teléfono pinchado. O poco falta. Y tal vez sólo por vivir en la Costa del Sol. Bustinduy trató de hablar al darse por aludida y no la dejaron, lo cual le introdujo en las venas una segunda dosis de cabreo. No de ese cabreo vulgar que se te pasa al rato, sino ese cabreo hondo del que ya tuvo una primera dosis cuando estaba escuchando largar a la Oña, que tan arregladita y de tan finos ademanes no piensa nunca uno cuando la ve que al arrancarse vaya a meter los viajes dialécticos que mete.

Claro que si bien se mira para eso le pagan a uno cuando es parlamentario. A una, en este caso, para dar mandobles y hablar, no sabemos sin embargo si también le pagan por sembrar dudas sobre honorabilidades, montar la bronca y hacer novillos, irse, najarse, largarse, abandonar. El Parlamento nada menos. Y así las cosas no sabemos si al PSOE esa soledad momentánea le viene bien, si es de esas soledades fugaces y placenteras (como la de esposa feliz pero más feliz si una tarde el marido no le da la coña o como la del adolescente que queda solo en casa) o si más bien es una soledad tipo huérfano dickensiano. No lo parece, esto último no lo parece. No hay constancia de que Griñán sacara las castañuelas al ausentarse el peperío pero tampoco de que le embargara una pena negra. Alta política en el Parlamento.

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