Palabras, palabras...

 22:09  

Victoria Lafora No es que a Mariano Rajoy se le haya acabado la paciencia, no es cuestión de paciencia; es que por fin parece haberse dado cuenta de que navega en una zozobrante canoa, río abajo, por unas aguas tan sucias y revueltas que, o se pone a dar paladas con decisión y con fuerza, o acabará perdiendo el control, la embarcación y la cabeza.
Su absentismo, sus silencios, sus frases con supuestos dobles sentidos que más parecen acertijos u ocurrencias, ya no sirven. No son una buena estrategia; no son ni siquiera una estrategia ante el problema a que se enfrenta: primero, mantener el poder dentro del partido, segundo, optar al poder de la Nación. Y la dilación, el dejar las cosas para que el tiempo las enmascare, las disuelva o las pudra, ha pasado de ser una táctica con la que aparentar sensatez y mesura en el juicio, a convertirse en un boomerang que avanza veloz contra el mismo.
Está claro por qué las encuestas, que mejoraban las posiciones del Partido Popular, no mostraban la misma tendencia con el propio Rajoy. La gente es muy lista y nunca acaba de verle como presidente del Gobierno; ni siquiera sustituyendo a un capitidisminuido Zapatero, frente a quien, además, ya perdió dos elecciones. Y si la gente es capaz de percibir su espíritu diletante, su pereza, su miedo y su falta de liderazgo, que no percibirá quien, desde el mismo momento de su fracaso electoral, ha tratado de sustituirle; que no percibirá, como oportunidad, una Esperanza Aguirre que, frente la inacción ha opuesto decisión y frente a la blandura ha opuesto contundencia.
Parece que ha llegado la hora de las perfidias y Rajoy, que dice no ser un Santo Job, se ha dado cuenta. Por eso, promete dar respuestas a los Costa, a los Camps, a los Güemes, los Cobos, los Herrera, los Pizarro y a Esperanza Aguirre, sobre todo. Promete dar respuestas a quienes, con sus hechos y sus declaraciones, están abriendo unas grandes grietas en la estructura del PP que amenazan con el derrumbe del edificio. O al menos de una buena parte del edificio.
Por si fuera poco, hasta Aznar entra la pelea con una frase – "En las formaciones debe haber un líder no varios"– que no se sabe bien si es en apoyo de Rajoy o en apoyo de sí mismo.
El martes, en el Comité Ejecutivo que ha convocado, sabremos si realmente Rajoy coge al toro por los cuernos y se impone al caos, o se recurre como siempre a una componenda que sólo alargará la agonía de quien sea. Porque decir que hablará de respeto a la militancia, del interés general y de la lealtad, no son más que –como diría Hamlet– "palabras, palabras, palabras..."

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