Manuel Laza Zerón
Sobre las doce del mediodía, esa hora que tiene las magias del Ángelus y la de marcar frontera o linde entre la mañana y la tarde, Melitón ha salido a ver cómo anda el personal del entorno. Para Melitón el tal ´personal´ es uno muy particular: gallinas de corral, conejos, algunos pavos, unas cuantas cabras, y un guarrillo. Lo está criando con las sobras que su vecino, el bueno de Zé-Chacona, le va poniendo, día a día, en un saco. Y cada semana se lo lleva a la trasera de la casa de campo. Son amigos desde niños, y el Zé-Chacona, que estuvo un tiempo con los guerrilleros y ha dejado la cosa por otros menesteres más pacíficos, se apaña como nadie parar recabar de acá y de allá comida "pa los bichos", como suelen decirles a los animalitos antes mencionados. ´Las bestias´ son los mulos, asnos, burros y demás, y los de granja son ´los bichos´. Sólo el guarrillo tiene un tratamiento muy suyo: es el rey de la huerta. El guarro, con mucho, es ´la joya de la corona´ de Melitón.
– ¿Cómo te va comiendo el guarro, Melitón?
– Como lima nueva, Zé. Ende acá en dos añicos, me habrá cogido sus buenas arrobas, y ya se verá con otra lustre. ¡Este será guarro campeón de guarros!
– ¿Por qué no lo sacas de cuando en cuando al bosque, que busque sus cosillas hozando? Los guarricos se apañan muy bien en el bosque, y hacen carnes más prietas y sabrosas. Yo tenía uno que...
– Ya sabes cómo llevo mi pata, Zé. Que temo se me escape el cochinillo y me lo atrinquen por ahí, que hay gente muy despabilá. Ya no me fío, Zé. Cambió todo.
– Patas pa los animalicos, Melitón. Tú lo que tienes son piernas. Las personas tenemos piernas, no patas. Y sí, cambió todo. Pero los guarros de hoy, ¿no son otros?
– Pal caso es lo mismo, Zé. Que más anda un pollo con sus patas que muchos de nosotros dende que nacemos. Y al cabo, tó es lo mismo: andá de acá pallá y luego, ¡a la cazuela los de las alas y al joyo los de las granjas! Y sí, son otros. Pero no todos.
– Así es. Pero que nos quiten lo bailáo, Melitón. Que ellos no tiene sus ratos de paseos y sus vinorros y lo demás. ¿Has visto tú que los bichos hagan fiestas y se rían, como nosotros, eh? ¿Te acuerdas de enantes, cómo nos reíamos en los bailes?
– ¡Era cosa de ver, Zé! ¿Te imaginas una cabra bailando con los cabritos?
– ¡Uy, Melitón! De cabritos bailando he visto yo lo que no está en papeles. ¡Y tamién tú los has visto, charrán, no te me hagas el nuevo, que ya nos conocemos!
– Ya estás tú con tus tiritos a la clase pudiente, Zé. ¡Cómo que no se te van a quitar las cosas de cuando eras guerrillero, hombre de Dios!
– Ya se me van quitando, Zé. Pero la verdad, la verdad, es que a veces me dan ganas de volverme al monte y retomar lo que dejé, que hay que ver cómo nos tratan estos señorones de la política, huevones que son! Sí : no todos, ya, ya...
– Tiés razón, sí señó. Las cosas, en su sitio. Pero la gente honrá, al tajo; y el listillo, a sacá tajá.
Melitón y Zé-Chacona, a quien llaman así por el nombre de una su abuela que era Chacón de apellido y le llamaban la Chacona desde que le puso las peras al cuarto a un recaudador de pacotilla que pasó por su granja, siguen su charla y poco a poco va el día alargando las sombras de árboles y postes, personas y casas. Melitón y Zé-Chacona se vinieron de las Américas, pero diferencias de verdad, pocas ven.
Muchas de las cosas de que han hablado son realidades que se dirían eternas: caciques más o menos disfrazados de demócratas, que van a lo suyo y no más, y demócratas con modales de caciques, que mejor no seguir hablando. (Mundo. Dios).