George Whitman y los ángeles disfrazados

 23:08  

Rafael de la Fuente Entre los que visitan su librería en París, a unos metros del Sena y con Notre Dame al otro lado del río, no son pocos los que creen que George es nieto del gran Walt Whitman, el poeta americano. Y este error le encanta al anciano librero. Quizás porque su padre, autor de libros de texto, se llamaba también Walt. Recuerdo la primera vez que entré en esa cálida cueva de los tesoros, que funciona como una comuna, tapizada por decenas de miles de libros en lengua inglesa. George Whitman estaba agazapado en la caja del establecimiento. Parecía un viejo faraón que planeaba por encima de todo lo que le rodeaba, con la mirada fijada en algo que sólo él era capaz de ver. Apenas se dignaba mirar a los súbditos que respetuosamente intentaban pagar sus libros. Su joven y muy eficiente hija, Sylvia, se había incorporado recientemente a la gestión de una librería única en el mundo. En la que George Whitman reinaba como el heredero espiritual de otra Sylvia. También americana. Y con una historia tan fascinante que vale la pena recordarla.
    Aquella otra Sylvia era hija del reverendo Sylvester Beach, un pastor protestante de Princeton, New Jersey. En 1901 ella y su familia se instalaron en París. Al reverendo Beach le habían confiado importantes responsabilidades religiosas y docentes en la Iglesia Americana de la capital de Francia. La joven Sylvia se educa entre Francia y los Estados Unidos. Además de una estancia de varios meses en España. Tenía ya un horizonte vital muy claro, poblado por apasionadas inquietudes culturales. Su amor por los libros la llevó en 1919 a la aventura de abrir Shakespeare and Company, una tiendecita en el número 8 de la calle Dupuytren, donde se vendían o alquilaban libros en inglés. La librería fue pronto el lugar de encuentro para muchos americanos que llegaban a París. Para ellos, su experiencia parisina no estaría completa sin Sylvia Beach y su Shakespeare and Company. El éxito la obligó, ya convertida también en brava editora, a trasladar su negocio a un local más amplio en la rue de l'Odéon. Enfrente de La Maison des Livres. La librería de su compañera de toda la vida, Adrienne Monnier.
Con el paso del tiempo la lista de amigos de la fascinante y gentil americana se fue llenando de nombres. Una constelación en la que aparecían muchos de los grandes escritores de la época: James Joyce (Sylvia Beach hizo posible la primera edición del Ulysses), André Gide, Paul Valéry, Ernest Hemingway, Scott Fitzgerald, Ezra Pound, Jules Romains, D.H. Lawrence y tantos otros. Aquellos años entre las dos guerras mundiales no fueron siempre fáciles para Sylvia Beach ni para su empresa. Sobre todo lo tuvo bastante complicado en la gran depresión de los años treinta. Uno de sus problemas eran las ediciones piratas que competían con los libros que publicaba su editorial. En 1936 estuvo a punto de tener que cerrar las puertas. La salvación vino de André Gide. Organizó el Club de Amigos de Shakespeare and Company. Los miembros del club podían asistir a las conferencias que Sylvia organizaba siempre que pagaran una cuota anual de 200 francos.
    Cuando los alemanes ocuparon Francia las cosas se pusieron feas para Sylvia, como para muchos de sus amigos franceses. Después de la declaración de guerra de la Alemania nazi a Estados Unidos a finales de 1941, sería inevitable que una de las mujeres más inteligentes y libres de París terminara chocando un día con la arrogancia de los ocupantes alemanes. Fue internada en un campo de concentración durante seis meses. En el verano de 1944 llega la liberación de París y el primer militar americano que llamó a la puerta de su casa fue un viejo amigo: Ernest Hemingway, camino, según sus palabras, de “la liberación de las bodegas del Ritz”. Finalmente la guerra terminó. Pero la tienda nunca volvería a abrir sus puertas. Sylvia Beach falleció en 1962.
    En su testamento, la hija del reverendo Beach legó sus libros y el derecho a utilizar el nombre de Shakespeare and Company a un amigo, el librero americano George Whitman. El París de la cultura le consideraban a él y a su casa (Le Mistral, en la rue de la Bûcherie) los depositarios del legado espiritual de Sylvia Beach. En 1964 Le Mistral cambia su nombre por Shakespeare and Company. La admiración de George por la fundadora había llegado al extremo de bautizar a su hija como Sylvia Beach Whitman.
    Conservo los libros que fui adquiriendo en cada una de mis visitas. Llevan en la primera página los ex-libris que Sylvia Whitman y su casi centenario padre me ponían con un rotundo sello de caucho en tinta negra. En un círculo, la efigie del bardo inglés que presta el nombre a la casa, con la Fundación Sylvia Beach Whitman y el emplazamiento de la librería en el kilómetro cero, París. George mandó escribir su Dharma particular en la única pared de la tienda que no estaba tapada por los libros: “No dejéis de ser hospitalarios con los extraños. Podrían ser ángeles disfrazados.” Quizás Sylvia Beach había sido uno de ellos.

  HEMEROTECA
  Las fotos 'raras y curiosas' del día

TEXTO

DESCRIPCION
 Ver galería »
  LA SELECCIÓN DE LOS LECTORES
 LO ÚLTIMO
 LO MÁS LEÍDO
 LO MÁS VOTADO
laopiniondemalaga.es es un producto de Editorial Prensa Ibérica
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de laopiniondemalaga.es. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.
 


  Aviso legal
  
  
Otras publicaciones del grupo Editorial Prensa Ibérica
Diari de Girona  | Diario de Ibiza  | Diario de Mallorca | El Diari  | Empordà  | Faro de Vigo  | Información  | La Opinión A Coruña  |  La Opinión de Granada  | La Opinión de Murcia  | La Opinión de Tenerife  | La Opinión de Zamora  | La Provincia  |  La Nueva España  | Levante-EMV  | Mallorca Zeitung  | Regió 7  | Superdeporte  | The Adelaide Review  | Blog Mis-Recetas  | Euroresidentes  | Lotería de Navidad | Oscars | Premios Goya