JOSÉ MARÍA DE LOMA
Grandes, grandísimos y gigantes. Británicos, americanos, nórdicos o españoles. Los cruceros atracan y atracan en el Puerto de Málaga, coincidiendo, como el otro día, hasta cinco en una jornada. De sus vientres bajan turistas de todo el mundo, supuestamente cargados de billetes, que ronronean por la Catedral, se meten un vino en el Pimpi, admiran la calle Larios, miran escaparates, rulan, pasean, se hacen fotos y se meten un cacho de Málaga en la retina. Es todo un éxito. Que vengan tantos turistas, que se dejen aquí dinero, que Málaga sea base permanente de (los mejores) cruceros, que Málaga mezcle su nombre en los folletos turísticos de los cruceros con el de las míticas ciudades griegas, las emblemáticas villas italianas, las glamurosas metrópolis costeras de Francia… Es un éxito para Málaga, sí, pero ¿de quién?
En el PSOE se preguntan y preguntan desde hace tiempo por qué la Autoridad Portuaria, seguramente artífice de todo esto, no se apunta la medalla política, no habla, no reivindica, no lo comunica todo esto mejor.
La prueba de que no lo hace, arguyen fuentes socialistas, es que todo esto lo capitaliza (políticamente) el Ayuntamiento, el alcalde tal vez, que sí, que sí, que han hecho grandes esfuerzos en esto pero no a solas. Pregunta por ahí, pregunta, dicen algunos dirigentes del PSOE, verás como todo el mundo cree que el mérito es municipal. La conversación la interrumpe un finés con cara congestionada que pide que le hagamos una foto. Al lado de un mural con fotos de los platos combinados de una cafetería.
Ferias
Este año va José Antonio Griñán, presidente de la Junta, a la World Travel Market. Atrás quedaron los tiempos en los que el presidente no iba en virtud de un pacto (¿escrito?) con el Partido Andalucista, que ostentaba la Consejería de Turismo y que reclamaba en estas citas, como en Fitur, el protagonismo total y la no presencia presidencial. Atrás también quedan las idas de Manuel Chaves últimas, estilo esfinge, a un paseo y una cena y poco más.
Pero ahora cambia el estilo. No sabemos si será mejor o peor pero es diferente. Será el estilo de Griñán. Marcado por la crisis. Una crisis que, paradójicamente, obliga a tirar la casa por la ventana, invertir más, redoblar esfuerzos y, claro, desplazar a más gente, más políticos, más técnicos, más asesores, Junta, Diputación, Ayuntamiento, todos a la caza del británico. Un despliegue sin precedentes. A luchar contra los elementos.
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