Málaga pide pista

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MIGUEL ÁNGEL HEREDIA DÍAZ Desde fuera es un edificio colosal, de grandes dimensiones. Ha dejado pequeña a la terminal Pablo Ruiz Picasso, a la que ha integrado en su diseño. Lo flanquea una flamante torre de control. Y un mar de grúas. El Aeropuerto de Málaga ha mutado en pocos años. Se ha convertido en un gigante que ha generado 10.000 empleos entre directos e indirectos durante los años en que el Ministerio de Fomento, a través de Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (Aena), lo ha transformado con una inversión que supera los 1.600 millones de euros.
Haciendo un pequeño ejercicio de memoria, recuerdo cuándo en la prensa y en los debates públicos se hablaba del riesgo de estrangulamiento del Aeropuerto de Málaga. El número de pasajeros crecía exponencialmente año tras año y las inversiones no terminaban de ejecutarse. De hecho, la llegada del PSOE al Gobierno central ha multiplicado por dieciséis los presupuestos destinados a esta actuación estratégica y profundamente transformadora. Son datos, pura matemática, que cualquiera puede comprobar acudiendo a los Presupuestos Generales del Estado.
La obra civil de la nueva terminal toca a su fin. Justo antes de Navidades empezarán las pruebas de funcionamiento para que todo esté ajustado y comprobado para la Semana Santa, que será el estreno del macroedificio. Gracias a estas modernas instalaciones, el Aeropuerto podrá atender 74 vuelos y 9.500 viajeros a la hora. La traslación de los datos a un cómputo anual refleja que Málaga va a triplicar su capacidad para recibir turistas, ya que en las nuevas instalaciones se podría atender a más de 30 millones de viajeros al año si fuera preciso.
Ahora que la gran transformación se puede palpar, se puede ver, no acertaría a imaginarme el Aeropuerto de otra manera. Pero ha hecho falta mucha voluntad política por parte del Gobierno de Zapatero. No podía ser de otra forma. Nos encontramos ante el cuarto Aeropuerto del país y ante la gran puerta de entrada al Sur de Europa, como alguien ya lo ha definido.
Pero si actuar es importante no lo es menos planificar. Era clave que el Aeropuerto tuviera sus comunicaciones garantizadas. El recinto no podía estar absolutamente a merced de los caprichos del tráfico rodado, con un solo y deficiente acceso por carretera. Bastaba un mínimo alcance, una pequeña colisión, para que muchos viajeros estuvieran en vilo y en claro riesgo de perder sus vuelos. Ahora el Aeropuerto ve más cerca su Acceso Sur, desde la rotonda del Parador del Golf, en obras avanzadas. Pero también ve más cerca el Acceso Norte, desde la Segunda Ronda. Se trata de una autovía urbana que partirá de Churriana, que tiene su proyecto ya redactado y que el PP no se atrevió ni a imaginar.
El corazón del Aeropuerto estará surcado por las vías del tren, gracias a un gran intercambiador al que llegará el Cercanías y que está construido con la previsión de incorporar en el futuro nuevos modos de transporte, como el metro.
La última gran actuación, también en marcha, es la segunda pista. Ansiada segunda pista. Nombrada desde el amanecer de los tiempos.
Los movimientos de tierras ya dibujan su trazado y anuncian su inminente llegada. Junto a miles de plazas nuevas de aparcamiento, nuevos edificios de servicios y oficinas, nuevas líneas eléctricas, nuevos y modernos sistemas de inspección de equipajes, casi un millar de viviendas del entorno insonorizadas para garantizar la calidad de vida de los vecinos...
La lista de actuaciones del denominado Plan Málaga sería interminable. Decenas, acaso cientos. Málaga puede estar orgullosa de su Aeropuerto. Podemos encarar el futuro con la autoestima alta y con la ilusión de afrontar los nuevos retos económicos y turísticos con las máximas garantías. Porque ya es un Aeropuerto referente, en fondo y forma, porque arquitectónicamente tampoco se ha descuidado ningún detalle.
Pero el Plan Málaga no sólo ha llegado por el aire. Llega por tierra, con la Alta Velocidad ya instalada para siempre y potenciada con una acumulación de proyectos ferroviarios sin precedentes. Llega por tierra con la Segunda Ronda y la finalización de la red de autovías y actuaciones que quedaban pendientes. Y llega por mar con la apertura del Puerto al tráfico de cruceros, como hemos podido comprobar todos esta semana. El Plan Málaga en realidad no se ha limitado al Aeropuerto y podría cifrarse en 6.000 millones de euros, que es el dinero invertido por Fomento en la provincia en los últimos cinco años. El Plan Málaga ha conseguido que la provincia despegue y pida pista para un futuro más que soleado.

*Secretario general PSOE de Málaga y diputado nacional

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