Cartas al director

 23:11  

Bye bye, sistema público

Bye, Bye, sistema público de salud, educativo… Ésta es la cada vez más arraigada conclusión que saco de las estadísticas, del análisis de las políticas públicas y, sobre todo, de mis amargas experiencias como ciudadano que ha sido docente en la enseñanza pública y es usuario del sistema público de salud desde hace casi 40 años, a pesar de que puedo optar a cualquier otra mutua privada de las que oferta MUFACE. Harto de situaciones impensables e impresentables hace unos años en un servicio público, pues siempre pensaba uno que con el empeño ciudadano el sistema público iba a más y mejor, estoy tentado de decirle bye, bye al SAS, de hacer el duelo correspondiente a este drama personal (para mí lo es) y de resignarme a preservar la salud en la sanidad privada, como en las sociedades ultraliberales y poco, menos o nada democráticas.
¿Cómo se explica que mi médico de cabecera haya estado un año o más sin sustituto? ¿Que cuando yo pedía una cita con el médico de cabecera me la dieran a 8 y 9 días vista y cada vez con un médico distinto? ¿Que en la última consulta de cabecera tuve que esperar una hora y tres cuartos para ser visitado? ¿Que les den a los doctores 6 minutos a lo más para cada paciente cuando eso es lo que tardan en aclararse con el ordenador? ¿Que es tal la cola que soportan los especialistas que voy a una revisión con hora en oftalmología del Hospital Civil y después de esperar más de dos horas y media aún tenía cuatro o cinco consultas por delante mía y me tuve que ir por sufrir una bajada de tensión? Etc., etc. Esto de la sanidad pública en los niveles básicos cada vez se está pareciendo más a la demagogia política y fraude social de la Ley de Dependencia.
La agresión al sistema público no sólo es en el ramo de la sanidad; afecta de lleno al otro pilar básico de la democracia, el educativo. Al amparo de la demagogia de las propinas de la Ley de Calidad con el profesorado más servil y la de los ordenadores con los alumnos y familias, se están encubriendo situaciones tan graves y gordas como que, por ejemplo, haya profesores que llevan desde principios de curso sin sustitutos y las estadísticas que revelan de modo acumulativo un fracaso histórico, sin paliativos, del modelo educativo público. A las cifras del escalofriante ‘fracaso escolar’ (y social), se añade ahora el escandaloso dato oficial (del propio Ministerio) relativo a los que aún no han abandonado los estudios de secundaria; según la citada estadística, sólo el 51% de los alumnos andaluces de ESO, o sea, más o menos la mitad, estudia en el nivel que les corresponde; la otra mitad son repetidores.
Estoy convencido de que nuestros políticos (al menos, la mayor parte de ellos, incluyendo los que levantan el puño y cantan la Internacional) no sufren las agresiones a los derechos ciudadanos básicos, como los educativos y los sanitarios, que soportamos los ciudadanos sin más. Paradójico en una democracia.
Rafael Núñez Ruiz
Málaga

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