Horacio Eichelbaum
La política es un inmenso vacío. La sociedad que hemos creado parece haber envejecido a velocidad de vértigo; estamos como esos ancianos tan achacosos que ni la familia ni los médicos saben cuál mal atajar primero. La corrupción es una gangrena que avanza a ojos vista. El deterioro del medio ambiente, lo mismo. Y los responsables de una y otro no parecen seriamente preocupados.
Hace algunos días pasaron por la tele una comedia norteamericana, de esas que apenas logran arrancarnos una sonrisa, en la que Dios se le aparece a un ejecutivo de la política y le dice que tiene que construir un arca… Ya se sabe, "de madera resinosa". Se hace el arca y suben toda clase de animales –ya se sabe, "dos de cada"–; cae un diluvio y la nave va a estrellarse contra los políticos corruptos, arruinando un negocio turbio urbanístico. Juro que ése era, a grandes líneas, el guión.
Se cumplió ayer el 20º aniversario de la caída del Muro de Berlín. En las vísperas, se reunió una de las congregaciones que da mayor imagen de religiosidad en España, tanta que a ellos tal vez se les podría aparecer Dios y encargarles un arca: la de los comunistas. Seiscientos asistentes eligieron como secretario general a un malagueño y pusieron en juego todos sus ritos: con el puño en alto, cantaron la Internacional y gritaron a voz en cuello aquello de "España/mañana/será republicana". Para regocijo de las empresas, aquejadas por fuertes descensos en las ventas, agitaron la perspectiva de una huelga general. Se desmarcaron del PSOE con un eslogan: los comunistas –y su entorno: Izquierda Unida– son "la izquierda sin complejos", en tanto los socialistas son "la izquierda acomplejada". ¿Por qué ´sin complejos´? Porque aparentemente la cuestión del Muro de Berlín no va con ellos. O bien sí tiene que ver, pero los que estaban ´del otro lado del muro´ han sido capaces de competir con las atrocidades que se cometieron del lado que estaban ellos, los comunistas (que lo levantaron). En efecto, a 20 años de la caída del de Berlín, los muros se han convertido en siniestra moda, sean de ladrillo o cemento, o de patrullas de vigilancia. Poderosos muros para que las oleadas de refugiados no puedan entrar al primer mundo y fortificados muros para convertir en cárceles a territorios enteros, como Gaza, en Palestina. Pero que hoy los muros se extiendan en todas direcciones, creando siniestras fronteras para acotar el mundo de la abundancia, de modo que no pueda perturbarlo el hambre y la miseria del resto de la humanidad, no basta para justificar el muro de Berlín ni aquel famoso ´telón de acero´. Si los comunistas creen que no tienen que disculparse por nada es probablemente porque todavía no han asumido el papel que desempeñaron durante el siglo pasado, cuando destrozaron la mayor oportunidad de cambio que se le presentó al género humano, al menos en la historia moderna. Al derribar la utopía que ellos mismos habían construido, abrieron paso a la multiplicación de los muros.
Mientras tanto, ¿qué hacen PSOE y PP? El PSOE defiende el Sitel, un sofisticado sistema de espionaje que España compró cuando gobernaba Aznar y que ahora se ha vuelto contra el PP. Un columnista salió a burlarse del Gobierno, diciendo que eso era como si los hermanos Izquierdo, que "diezmaron el censo de Puerto Hurraco hace 10 años", le hubieran echado la culpa a su padre por comprar la escopeta. El argumento resulta demasiado estrujado; nadie puede comprar el sistema Sitel alegando inocencia: sería como si un país fabricara la bomba atómica y después dijera que no tenía ni idea del daño que ésta podía hacer. Como puede apreciarse por la ´polémica Sitel´, simétrica de la ´polémica Gürtel´, PP y PSOE pelean por la calidad de los medios de represión y espionaje, y por corrupciones de unos y otros, asuntos nada ´contaminados´ con ideologías. Se agradece que al menos no hagan el paripé de que disputan por ideas.