PEDRO CALVO HERNANDO
El PP ha montado de nuevo el espectáculo de la unidad en su convención de Barcelona y los términos de la unidad siguen tan inexistentes como siempre, pese a los disimulos de toda índole en forma de foto. La primera en la frente fue la estruendosa ausencia de Aznar, que había dicho aquello de que en su tiempo había un líder, un proyecto y un partido (y por lo tanto, ahora no). Luego Cospedal le respondió que tienen las tres cosas y que Rajoy es lo mejor del mundo. A continuación, resulta que ni Camps ni Aguirre van a estar el domingo en el discurso de Rajoy, que pretende ser triunfal y revisionista del reciente pasado. No hay mayor desprecio que la plantá. Y así sucesivamente. Alguien ha recordado que Rajoy pone un circo y de inmediato le crecen los enanos. ¿Pero cómo se les ha ocurrido caer sobre Barcelona para celebrar allí la convención? Dicen que para demostrar la importancia de Cataluña en la recuperación de espacio político. No me lo puedo creer. Su presencia en Barcelona grita el recuerdo, si es que hubiere algunos desmemoriados, de la radical oposición del PP al Estatut, que culminó con el recurso en el Tribunal Constitucional. Como si los catalanes fuesen tontos, que no lo son: están hasta las narices de un partido que se ha distinguido por su animadversión a cualquier forma de catalanismo y tal vez de catalanidad.