Rafael Ordóñez
A lo que se refería la ministra de Igualdad, en días pasados, es a los datos que nos mostraban como casi la mitad de las órdenes de protección emitidas para proteger a mujeres de eventuales malos tratos se hicieron para salvaguardar a ciudadanas menores de treinta años. Pero la cosa no quedaba ahí. También supimos que el treinta por ciento de las fallecidas a manos de sus parejas o ex parejas no rebasaban el tercer decenio de sus truncadas vidas. ¿Por qué la alarma de la señora Aído? Muy sencillo: víctimas y agresores, apenas treinta añeros, son ya hijos de la Logse y afines, productos directos de un sistema socio-educativo que se desfonda a pasos agigantados, que hace aguas por todas partes, y que es el hazmerreír de todos los organismos internacionales dedicados a la cosa educativa. Y la señora ministra forma parte de esa mesnada de políticos anclados en el "sostenella y no enmendalla". Ésos que son causantes directos del despiporre educativo español y que ahora se lamentan por las esquinas. Pues estaba muy claro lo que iba a pasar. Y está aún más nítido lo que va a seguir pasando si nadie endereza el rumbo. Lo primero, señora Aído, es abandonar el impersonal tiempo en el que está dicha la frase que encampana este artículo. Debe usted pasar del "algo se ha hecho" al "algo hemos hecho". Primera persona del plural, señora. Son ustedes, los que han tenido y tienen mando en plaza en las tres últimas décadas en esta patria infeliz, los responsables directos. Ya no vale cargar armas sobre los celebérrimos "cuarenta años", estas víctimas y estos verdugos han nacido en la democracia. Y son ustedes los que los han amamantado a sus pechos doctrinales y sectarios.
Le diré algo más de cómo yo lo veo. Naturalmente que estamos ante un problema complejo y de múltiples aristas que no puede agotarse en esta columna. Pero dicho esto, no es menos cierto que un dato muy a tener en cuenta es que llevamos treinta años en los que una supuesta educación sexual promovida desde los gobiernos ha llevado a una ´cosificación´ de la mujer como nunca antes se había conocido. Ya oigo rugir a la marabunta progre. Ya saben ellos que con sus disparos me suelo hacer tirabuzones, como las valientes gaditanas del diecinueve. Sigo y les digo que no sé qué puñetas les pasa a ustedes con el sexo. ¡Qué manía! Insisten, desbarran y no aciertan. Centenares de millones gastados durante treinta años en puro agit-prop y el resultado es que casi la mitad de las órdenes de alejamiento son en mujeres menores de treinta años. Al tiempo, hemos superado ya el millón de abortos, la mitad de las parejas naufragan antes de los cinco años del matrimonio, los embarazos de adolescentes están en una curva ascendente, de momento imparable, y millones de jóvenes sienten por sus compañeras de clase casi cualquier cosa menos respeto. Naturalmente que algo han hecho mal. Yo diría que muy mal.
Ya ve, señora Aído, que no se trata de ampliar, abaratar y banalizar el aborto. Que no es cuestión de píldoras del día después. Se trata del día antes, señora ministra. Del día, de la semana, del mes y del año antes. Se trata de valores y no de pastillas. Déjense ya de dípticos, trípticos y demás parafernalia vana y huera. Háblenles a los jóvenes de respeto, de educación, de lo que se debe y no se debe hacer según edad y madurez. Cuéntenles que el sexo es instrumento, medio y medida de amor. Antes, claro es, háblenles de amor, de entrega mutua, de compromiso, de servicio, de dar antes de pedir, de proyecto en común, de respeto mutuo. De tantas cosas de las que no les han hablado. A lo mejor cambia el panorama. ¿No le parece? Cuestión de intentarlo.