Javier La Beira
Sospecho que, en el raro caso de que no existiera en Málaga un Francisco Cumpián, los poetas malagueños lo inventarían y hasta lo moldearían cual Golem de lírica reverencia. Con su porte peculiar y su, digámoslo así, carácter característico, Cumpián les organiza continuamente a la grey versificadora lecturas poéticas, sobre todo a los jóvenes, incluso a los jovenzuelos. A despecho de Foucault y sus sesudas reflexiones sobre la creación artística y la soledad, a los jóvenes poetas, incluso a los jóvenes aprendices de poetas que ayer mismo juraron que el solipsismo literario era su catecismo, les mola cantidad derrochar sus versos en público. Cumpián, que lo sabe, se las va apañando para montarles recitales aquí y allá, más o menos donde se pueda y la cosa quede presentable. Dado que también cree saber Cumpián, sin duda muy equivocadamente, que no sólo de vanidad viven los poetas, procura siempre obsequiarlos con una botella de bon vino, unos cuantos euros y una publicación de las suyas, las artesanales, porque Cumpián es, junto con el gran Pepito Andrade, the end of the saga, el último impresor de tipos móviles de la celebérrima Málaga impresora.
Lo que a Francisco Cumpián, un tipo móvil, le mola imprimir es dinamismo al panorama poético de Málaga. De ahí que se embarque a menudo en la celebración de recitales literarios en lugares de toda calaña, aunque, eso sí, conditio sine qua non imagino, bares todos: el extinto ´La Época´ de Garriga Vela y Mesa Toré, el casi eterno ´Onda Passadena´, la tan elevada terraza del hotel Larios, la tan terráquea de ´Los piragüitas´… Los penúltimos recitales tuvieron lugar en ´La vinoteca barbechera´, celebrada por sí y por sito en la calle Sánchez Pastor, escenario de la gloriosa ´La buena sombra´, local primero en el peligro de la libertad, y de mi entrañable, no contaré hoy el porqué, ´Billares Málaga´, primer local de este gremio glorioso en nuestra ciudad.
Habiendo subido a los palacios y bajado a las cabañas, como el Tenorio de la poesía malagueña que simbólicamente representa, la próxima función de Cumpián es insuperable en su atrezzo. Se trata de un nuevo ciclo de lecturas, ahora en un bar de la calle Beatas, el ´Trifásico´, medianero con la librería Rayuela. Las representaciones, que comienzan el miércoles que viene, o sea, pasado mañana, con el nombre de Interzona Poesía, tienen la particularidad, según me informa Cumpián, de que, por razones de la arquitectura del bar, los poetas tendrán al público a su derecha y a su izquierda. Al frente, se verán en un gran espejo. Buscado o no, el efecto, a mi modo de ver, es soberbio: los seres más ególatras del mundo van a poder contemplarse a sus anchas y en su mejor momento.
Yo ya estoy mayor para vivir la noche, incluso la noche lírica, y aún más para entrar en un local que se intitula ´Trifásico´ (sé que esta frase no me la va a perdonar Paco Cumpián, ay, bien lo sé), pero, por favor o por amor a la poesía, o por pura curiosidad, o por lo que les salga del tuétano, vayan ustedes a vivir la experiencia y después me la cuentan. Seguro que merece la pena ver cómo los poetas se deleitan en su rincón especular. Con la modestia que me caracteriza, me atrevo a donar una idea: a fin de hacer la fiesta completa, que el espejo sea cóncavo, o convexo, no sé exactamente. Me refiero al que engorda.