Cartas al director

 23:42  

Alternativas al cambio climático

Antes todo sucedía de otra manera, había cambios, muy sustanciales y violentos, pero sucedían más tardíamente, le daba tiempo a la tierra ir asumiendo los cambios y adaptarse a ellos, hablo del planeta tierra en general, incluyendo los cambios geomorfológicos, geoquímicos y de la bioesfera, en concordancia con los conocimientos actuales, desde la aparición del hombre como ser inteligente, es cuando estos cambios se están produciendo más rápida y drásticamente, y afectando de manera general a todo el sistema terrestre. Sin dar tiempo a que la tierra los asimile. Nos puede costar caro, como no le pongamos solución y digo le pongamos, porque estamos todos implicados en ello; tanto los que asumimos lo del cambio climático, y evitamos que se produzcan, o por lo menos lo intentamos, como los que no lo asumen, y no hacen nada para evitarlo. Al final todos en el mismo saco y sálvese quien pueda. Final triste, ¿no? Y si derivamos hacia las nucleares, entonces apaga y vámonos. Cuando yo estaba en activo, en el laboratorio de hormonas del hospital Carlos haya, junto con los endocrinos tratábamos a grupos de niños que venían de Chernóbil, venían en grupos de treinta o cuarenta, con toda clase de patologías tumorales, sobre todo las del tiroides, las criaturas venían con una traductora y nos contaban cosas de la catástrofes que no las cuento aquí para que no me llamen tremendista.
Las energías renovables son el futuro, por una aplastante mayoría se apuesta por ella. Los Gobiernos de la mayoría de los países, han apostado por este tipo de energía, hoy por hoy la energía nuclear ha sido desechada. Hay razones más que suficientes como ha quedado demostrado, para desmontar las centrales nucleares que quedan en uso y pasar a otro tipo de energía sostenible, que no ponga en peligro la seguridad de todos nosotros. Aparte del problema de los residuos radiactivos, por su durabilidad y almacenamiento. Algunos tardan siglos en perder su actividad.
La progresiva disminución de las reservas de combustibles fósiles y los problemas medioambientales asociados a su combustión obligan a la búsqueda de nuevas alternativas energéticas. En este contexto, el hidrógeno surge como un nuevo ‘vector energético’, es decir, un transportador de energía primaria hasta los lugares de consumo que ofrece, además, importantes ventajas. El hidrógeno se presenta así como uno de los mejores candidatos para ser ‘el combustible del futuro’.
Se puede obtener hidrógeno a partir de fuentes de energía renovables como la eólica, fotovoltaica o hidráulica, mediante la electrólisis del agua, constituyendo un proceso cíclico totalmente limpio. También puede producirse a partir de la biomasa por descomposición térmica o biológica, o bien de los propios combustibles fósiles como el gas, el petróleo o el carbón. Las tecnologías en procesos de hidrógeno y pilas de combustible son un nuevo campo prometedor que va encaminado hacia la nueva economía llamada del hidrógeno, que se espera sea comercial en los próximos años y que requerirá más de 100.000 técnicos muy especializados en la materia, solamente en España.
La implantación del coche eléctrico debe ser una cuestión de Estado, empezar su producción, su distribución y venta lo antes posible. La industria automovilística española, a nivel mundial debería tener un papel preponderante y de una vez por todas, ser una potencia industrial a escala global; infraestructura existe y conocimientos técnicos y científicos también. Paralelamente se deben crear los puntos de tomas de corriente, creando una red paralela a las de gasolineras que con el tiempo irían desapareciendo conforme el parque automovilístico de coches eléctricos fuese aumentando. España se puede convertir así en un gran país en este tipo de automoción, interviniendo en la creación de riqueza, aumento de puestos de trabajo y mejora del medio ambiente, perder la dependencia del mercado de los combustibles fósiles, al incrementar en igual medida o más, la producción de energía eléctrica a partir de las renovables.
Si al mismo tiempo nos tomamos en serio la política del agua, en cuanto: al ahorro del consumo, infraestructuras y arreglos de conducciones y pérdidas, con la fabricación de desaladoras, potabilizadoras, depuradoras y la fabricación de sus componentes así como la producción a escala de energías renovables para su funcionamiento. Este país se convertiría en una gran potencia económica y al mismo tiempo ecológico, que serviría de ejemplo al resto del mundo y sobre todo a los países menos desarrollados para un progreso sostenible y en armonía con la naturaleza.
Se va acercando la hora de que hay que actuar sin más dilación, el tiempo nos apremia, el futuro de este planeta depende del equilibrio entre el desarrollo y la sostenibilidad del sistema y España tiene mucho que decir en este contexto.
Federico Canalejo Enrique, diplomado en Enfermería y médico jubilado
Málaga

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