DOMI DEL POSTIGO
Es verdad eso de que la vida es aquello que te pasa mientras estás ocupado en que te pase otra cosa. Ocurre demasiado en política. Mientras cargos y carguillos andan enzarzados en cuitas de partido la vida les pasa por encima y les aleja de la que viven sus administrados. Y tal como está el patio, y cómo va a estar todavía, aquí no estamos para eso. Así que la ciudadanía se aleja cada vez más de discursos endogámicos, lanzados al tendido, que terminan a veces en los medios en titulares escritos para nadie, o sólo para quienes se autocontemplan y pagan su atención con dinero de todos. Por eso, entre otras cosas, la ciudadanía, cuando se ve arrastrada por las circunstancias y tiene que recurrir de manera inevitable a sus políticos, se enfunda el traje de faena y chapotea en el barro de las estrategias habituales para defender sus derechos o la indemnidad de los suyos, como han hecho legítimamente los familiares del atunero Alakrana.
Familiares que no han dudado en acudir a los medios de comunicación, navegando incluso en la interesada estela de sus líneas editoriales, para colocar su ruido y presionar al Gobierno hasta ser recibidos por el Presidente. Una vez obtenida la promesa de atención preferente del Ejecutivo, el grupo de esposas e hijas que lideraba la improvisada representatividad de semejante grupo de presión, todas devenidas en mujeres coraje, hizo mutis por el foro cumpliendo su pacto de silencio. Olé. Sin embargo, aunque cabe ponerse en su lugar y alegrarse de su triunfo y de la vuelta sanos y salvos de sus familiares, ¿deben suceder así las cosas?. Todo tiene que ser más serio, más responsable, menos improvisado e, incluso si fuese necesario, más impopular. Pero entonces la oposición no dudaría en hacer sangre por encima de cualquier razón de Estado. No hay líderes grandes ni en uno ni en otro lado, ni parece que el sistema, cada vez más mezquino y encadenado a sí mismo, los permite –por no hablar de la grave preocupación que produce arreglar un asunto de tanta atención mediática pagando un rescate, financiando con dos millones y medio de euros los próximos secuestros de los piratas; como antes lo hicieron otros gobiernos cuyo pago pudiera haber servido para financiar el secuestro del propio Alakrana–.
Mientras esto ocupa las portadas, el Gobierno andaluz anda en reuniones de partido, en el poco shakesperiano pongo rey Griñán pero sin quitar al Chaves que había, y todo eso. No le pueden pedir que lo comprenda al ciudadano que se ha quedado en paro en la última oleada –que no va a ser la última negativa–, ni al que ya lo estaba y sigue sin encontrar un trabajo digno, ni al que está trabajando sin contrato o como autónomo y sin derechos aunque su trabajo sea el mismo que el de su compañero que sí tenía un contrato laboral desde antes, ni al pequeño empresario que ve cómo le niegan el pan y la sal los bancos que antes se empeñaban en prestarle lo que él ni siquiera pedía?, ni a nadie.