Juan Gaitán
No se sabe nunca cuándo va a ocurrir la magia, cuándo el milagro se nos va a venir encima para dejarnos perplejos. Lo más increíble de los milagros, según Chesterton, es que ocurren, y a veces la vida o la providencia o qué se yo nos regala uno y nos deja el alma a la intemperie. Me ha ocurrido, hace no más que tres o cuatro días, con el disco ´Al cantar a Manuel´, de Mayte Martín, doce poemas de mi maestro Manolo Alcántara musicados y cantados por una intérprete impresionantemente dulce, exquisitamente enamorada de la poesía de un poeta imprescindible, grande y claro.
El disco es un prodigio de armonía, con una musicalidad tan alta que da a la caza alcance. Los poemas de Alcántara, tratados con delicadeza y con amor, consiguen toda su dimensión, cosa muy difícil en estos casos (pocas veces se han logrado conjunciones de esa naturaleza, quizás la de Joan Manuel Serrat con Antonio Machado, y poco más).
Cuando en la pasada Bienal ´Málaga en Flamenco´ Mayte Martín presentó este trabajo (que aún no había sido grabado) en el Pantano de Ardales, hubo de soportar agrias críticas porque, al parecer, había cometido el grave, imperdonable pecado de no ser flamenca, ortodoxamente flamenca. Después de escuchar el disco, de disfrutar de la exquisita manera en que está hecho, creo sinceramente que no le hace falta más flamenco que el que con naturalidad anida en la garganta de Mayte, que no precisa más que esa elegante intención aflamencada que orientan al sur la voz y el poema. Nada más era necesario, cualquier otro tono hubiera podido pecar de exceso, y sin embargo, con ese sabio ejercicio de contención, la cantaora, sin entrar en el purismo, pero metiéndose de lleno en el virtuosismo, nos da el que, para mí, ha sido su mejor registro hasta el momento. En alguna ocasión ha recordado Mayte Martín haberse herido de flamenco con los tarareos de su padre (natural de Ardales pero emigrado a Barcelona, como tantos otros) por Juanito Valderrama o la Niña de la Puebla, y a poco que uno quiera escuchar sin prejuicios ha de admitir que es imprescindible conocer muy profundamente el flamenco para lograr darle en cada uno de los temas una presencia tan etérea y tan firme al mismo tiempo.
Nada es excesivo en el disco, todo está acomodado de una forma sutil y refinada, desde la percusión de Chico Fargas al contrabajo de Guillermo Prats y el imprescindible violín de Olvido Lanza. Pero no hay nada comparable a la sinceridad de la voz de Mayte Martín, a su riqueza de registros, a la cálida melancolía con la que desgrana los versos del poeta, versos en los que Málaga está por todas partes, como una presencia fundamental, inalterable, sonora y viva. Porque sin Málaga, y sin Manolo, sencillamente nada de esto habría ocurrido, el milagro no hubiera sido posible.