Pedro de Silva
Transcurrirá tiempo, tal vez una década, hasta que se absorba el paro, y aún caerá el empleo de aquí al verano, pero los signos en el cielo dicen que esto pasó, y el ojo del huracán ya no está encima. Hablo de signos en el cielo para dar lustre al parte del tiempo, pero me refiero a signos en la calle. Aunque sigan cerrando algunos, empiezan a abrir locales de negocio, con la timidez del primer anuncio de la primavera, esas flores de eléboro de finales de enero. Los signos en la calle nunca engañan del cambio de estación, aunque aún venga detrás nieve en abundancia. Para que un local abra hace falta que un individuo perciba que ha regresado el tiempo de jugársela, y ponga el piso propio y el de sus padres en garantía de un crédito. Hace falta también que el banco relaje un poco los esfínteres. Lo que mueve esas cosas es un misterio, igual que lo que empuja las flores hacia arriba.