Rafael Ordóñez
No hay más remedio que creer en otra conspiración. En este caso de necios, de torpes o sencillamente de desgraciados. No es posible que tanto infortunio se concite alrededor de un mismo país, de una misma ciudad sin que haya algo de preparado, de orquestado en ello. Estamos rodeados de inútiles, de ineptos y hasta de malditos insectos depredadores. No hay quien dé más. Hubo un día de la pasada semana en el que todas las noticias aparecieron juntas, después, cada una cogió su camino, pero vaya si nos apretaron el cuello. Fue así, de golpe, como nos enteramos, en primer lugar de las predicciones demoledoras para nuestra socioeconomía por parte de tres premios Nobel, tres. Angelitos míos, ¿Qué les hemos hecho a los premios Nobel de Economía que no hay uno solo siquiera que prediga algo benévolo para esta pobre patria infeliz? Estos tíos se han conchabado contra nosotros, no tiene más remedio. Al tal Krugman, Nobel de 2008 y asesor del presidente Hussein Obama, ya lo traje a esta columna de papel. Fue cuando nos dijo el prenda que el escenario económico español, para los próximos años, le parecía sencillamente aterrador y que lo de sudor y lágrimas para nosotros iba a ser una repetida canción de cuna en los tiempos inmediatos. Ahora vuelve el caballero. Los periodistas españoles le preguntan y él responde. Como no está en ningún pesebre ni abrevadero, pues va el hombre y dice la verdad. Así de simple. Dice que o nos empobrecemos en un 20% o aquí no hay salida que valga. Que andamos inflados, inflacionados. De similar opinión es el caballero Akerlof, Nobel de 2001. Éste nos dice que nos quedan jornadas muy duras y muy largas antes de abandonar el desierto. Llega a decir que o nos rescata la Unión Europea o nos vamos al fondo. Pues es seguro que nos vamos al fondo. Porque, como tengamos que esperar ayuda y socorro del tradicional vecino y enemigo gabacho, vamos dado. Cierra la serie de estos sabihondos el señor Prescott, Nobel de 2004. Éste dice que aquí no hay recesión, ni desaceleración, ni retroceso que valga; afirma que aquí lo que hay es una depresión como una catedral. Ni más ni menos.
Como diana floreada, escenario de fondo y gala fin de fiesta de todo esto nos enteramos, al unísono, de que el ejército de ocupación británico en suelo español ha estado unos días entretenido en hacer ejercicios de tiro a una bandera española en aguas naturalmente españolas. Éste es el precio y el aprecio que nos tienen. Y más después de la histórica bajada de pantalones protagonizada hace unos meses por el ministro de Asuntos Exteriores del reino de España poniéndose a hablar de tú a tú con las autoridades marionetas del gobierno colonial british. ¿Cuándo se van estos imperialistas de pacotilla de tierra española? ¿Para cuándo será?
Pero como las desgracias nunca vienen solas, también el territorio malaquí está asediado. Estamos rodeados de un ejército casi invisible, pero extraordinariamente destructor. Hablo del maldito picudo rojo. Cualquier cosa menos bromas con este sujeto. Ha acabado el endemoniado bicho con casi todas las palmeras de Málaga. Y no está contento. Conozco a unos amigos rusos que están haciendo su muy particular agosto. Se han especializado en cortar, arrancar y llevarse la palmera muerta y, con precios muy competitivos, están que no dan abasto. Las comunidades no paran de llamarlos. Pero no acaba aquí la cosa. Es mucho más dura. El bichito de las narices parece ser que ha mutado y ha enfilado la hierba de los campos de golf. Costa del Sol, Costa del Golf. No quiero ni pensarlo. No quiero verlo. Socorro. Ayúdennos. SOS. España rodeada. Málaga sitiada.
Mayday-Mayday. Pip,pip,pip,piiip.