Manuel Laza Zerón
Para qué les cuento si el caso de marras es una crisis pandémico-económica como la que llevamos a cuestas. En estos casos, las fieras que llevamos adentro y las adicciones a veleidosos remedios mágicos de todos los males, (menos uno), se unen y funden y complementan. Y sólo es preciso entonces pasar al análisis sociológico del fenómeno. Eso, si queremos entender algo, que si no queremos, al cuerno todos los análisis posibles: al mago de turno, al propagandista de moda, a la tarotista experta, y luego seguimos, que ahora pasamos a publicidad, conque no se me vayan, please. ("Menos uno", dije. Es la creencia en lo mágico, que ¿funciona?).
Sea como sea, la gente se agarra a lo mágico con inusitada fuerza. Amuletos y sortilegios que nacieron en el seno de sociedades de hecho preparadas para tales creencias siguen entre nosotros y crean un tipo de conducta para andar por casa que es digno de estudio. Y como la gente se agarra a lo mágico, el político, que necesita cada equis tiempo agarrarse a la gente, crea todo un aparato mágico-cómico de no te menees. Menos dejar el cargo en manos verdaderamente sabias y en absoluto amigas de trincar lo ajeno, todo vale. El "esto es mío" sí que funciona.
No es que sean todos los políticos así, ni que las grandes concentraciones de "compañeros y compañeras todos...", (pongan las siglas que quieran; todos acaban haciendo lo mismo), o los mítines, o las dos cosas juntas sean como los Misterios de Eleusis, no. Es que es un tipo de acto que trata de tener su magia, y posiblemente la tenga, sólo que como todas las demás magias, (menos las verdaderas), valen una pasta. Y una pasta que se paga a escote, crea uno o no crea, vaya uno a no vaya, sea uno o no sea ni "compañeros ni compañeras todos..." Si no tuviera su magia, –dígase ya–, ¿quién o qué grupo de financieros serios iban a pagar, (o a adelantar), el dinero preciso para tales eventos? (Llamo "magias verdaderas" a las del corazón).
Las palabras significan según contextos, y los hechos suelen tener más de una lectura válida en principio, pero eso de que en política dos más son sean a veces cinco es una chorrada. Si ahí arriba se hubiera escrito ´Remedios, mágica´, Remedios sería más bien nombre de persona, intercambiable, pongamos por caso, por Reme. Pero tal y como se ha escrito, es cosa a todas luces evidente que ´Remedios...´ vale por ´soluciones´, por ejemplo. Ya no es nombre propio, sino común. Ya no apunta a persona alguna, sino a actos o procedimientos dotados de tal o cual poder ´mágico´. Lo mismo vale para determinadas afirmaciones. Veamos una, que ahora elijo por ser reciente. Sólo por eso, por ser reciente.
"Zapatero nos va a sacar de la crisis". No se dice cómo ni cuándo, pero la frase es estimulante. Tanto, que uno duda de que eso pueda ser verdad. Razón primera de su dudosa realidad: Es el propio ZP, (y no sólo él, sino todos los que algo dicen entender del tema), quien señala con cierto énfasis que es únicamente concertando las acciones positivas y ordenadas del conjunto social como podremos salir adelante y superar estos jodidos baches que se veían venir pero ni caso. Zapatero no es mago, pero los actos que protagoniza sí quieren serlo. Desde luego, le pasa algo muy parecido a Rajoy: rodeados de los suyos, ("compañeros y compañeras todos..."), ambos son irrebatibles. Los dos encandilan a los que ya no era preciso encandilar porque lo estaban de antemano. Y ambos dicen verdades verdaderas. ¡Qué pena que luego lo que se dice vaya por un lado, y la puñetera realidad se empeñe en ser tan tozuda como una mula, y vaya por otro! Más remedios y menos magias, sugiero.