Jose María de Loma
Es buen tipo Manuel Marmolejo, concejal de polígonos, esforzado hombre de partido, visitador diario de la sede para hacer lo que sea; forofo del deporte, corredor diario y persistente por la zona Este cuando ni despunta el día. Marmolejo ha dicho campechanamente, a su estilo, que no sabía que debía abstenerse en las adjudicaciones a empresas de su cuñado. Y se ha quedado tan ancho. A uno ahora tal vez tendría que darle por ponerse en plan enfant terrible y pedir su dimisión y clamar contra los abusos de la administración y la bajeza de la clase política y mezclarlo todo con la crisis y bla, bla, bla… pero uno ve que Marmolejo ha pedido perdón y eso deja al cronista algo desarmado, dado que lo lógico habría sido callarse o sostenella y no enmendalla, dado también que no actúa como un político al uso. Marmolejo ha metido la pata hasta el fondo y está bien que la oposición pida su dimisión. Tal vez alrededor de Marmolejo hay gente con más cara que espalda. No es descartable. Los cuñados han sido siempre una bendición o un problema en la historia de España, que está llena de subsecretarios que han caído a cuenta de querer meter a un cuñado en el Ministerio de Agricultura, como nos tiene enseñado Galdós. Pero más allá de todo esto, de las trincalinas, adjudicaciones por la jeta y oscuridades, vemos cómo a Francisco de la Torre se le acumulan los concejales con apuros y esto nos hace vislumbrar unos retoques de áreas municipales para como muy tarde primavera, que se disfrazará pero que se hace perentoria por estrategia, toma de impulso, por el ralentí, el rebufo, la inercia y los chanchullotes que florecen como champiñones. La oposición está pillando cacho y se pone a cien con estos temas, crecida, morcillona que diría un castizo. Ve ambientillo. Hasta en los polígonos.
Dimisiones
El presidente provincial del PP, Elías Bendodo, desayunó ayer con la prensa para comentar cómo han ido las cosas en este su primer año al frente del partido. Y vaya si comentó. No dejó un asunto vivo ni fuera de su interés ni fuera de su diagnóstico. Y apuntó alto: pidió la dimisión de Griñán por no venir a Málaga cada quince días como prometió, por no hacer el tercer hospital, por no redistribuir la riqueza y por dejarse engañar por Madrid asumiendo solares y no parné a cambio de saldar la deuda histórica. Tira alto Elías. Nada de medirse a segundones. Él se mide con Griñán. Sin complejos. Y le pide que se vaya.
Pulso
El pulso en el PSOE andaluz continúa por mucho que se haya tratado de cerrar en falso, con esa rueda de prensa a dúo entre saliente y entrante, Chaves y Griñán. Griñán quiere el poder. El poder nombrar a su gobierno y a los candidatos a las municipales. Ayer el presidente de la Junta dio señales en el Parlamento andaluz de que sigue erre que erre y de que la soberbia puede que haya comenzado a anidar en su corazón político: "Seré cabeza de cartel y lo seré como secretario general" le dijo a Arenas. ?