Pedro de Silva
Toda economía que no se base en el esfuerzo tiene los pies de barro. El consenso de los economistas del mundo podría dedicarse a decir cosas así en voz muy alta, y, si no, podría hacerlo el Vaticano, que a fin de cuentas ya tiene experiencia de predicar en desierto. La fortunas basadas en los premios de la lotería no suelen ser duraderas. Las que vienen del petróleo aguantan mientras los pozos sigan bombeando, pero si aguas abajo no generan una economía basada en el trabajo, la creatividad y la lucha por ganarse el centavo tampoco sobrevivirán a largo plazo. Incluso cabría pensar que esas economías del petrodólar tienen un carácter de nacimiento, del que nunca se librarán del todo. Lo que ha nacido fácil lo tendrá difícil cuando vengan mal dadas. Pero lo malo no es que esos globos de glamour económico pinchen, sino que al estallar nos salpicarán a todos, mojaditos como ya estábamos.