Albert Cano
Apunto de cumplir su primer año de mandato, Barack Obama ya muestra sus verdaderas intenciones en política exterior. Dos decisiones recientes (sobre Honduras y Afganistán) señalan que Obama está bastante lejos de la eufórica ala izquierda del partido Demócrata que lo arropó (no digamos de la izquierda europea).
En el primer caso, la larga crisis institucional para forzar el retorno de Manuel Zelaya a la presidencia de Honduras empezó a zanjarse tras el reconocimiento, por parte de EEUU, de la legitimidad de las elecciones presidenciales del 29 de noviembre, que encumbraron a Porfirio Pepe Lobo al frente del país. Las divisiones en Europa y Latinoamérica hicieron el resto. Por lo que el presidente que depuso a Zelaya, Roberto Micheletti, ganó la partida. ¿Alguna diferencia en el resultado final, si Bush hijo hubiera sido el presidente de EEUU?
La segunda decisión relevante de Obama ha sido el anuncio de enviar 30.000 tropas de refuerzo a Afganistán, para enderezar el conflicto en 18 meses e iniciar, entonces, la retirada del país. Además, exigió a los europeos que no se hicieran los remolones y contribuyeran al esfuerzo (al que ZP, con voluntad de hacerse perdonar afrentas pasadas, ha acudido solícito… aunque sólo el 5% de españoles aprueba enviar más soldados a Afganistán).
Encima, Robert Gates, el secretario de Defensa, ya ha advertido que el inicio de la retirada (previsto para julio de 2011) dependerá de la "evolución que hagan los militares sobre el terreno". Nuevamente, ¿alguna diferencia con Bush hijo? Pero no adelantemos acontecimientos: es pronto para abrir la veda bienpensante contra Obama. Y menos, cuando el hombre que envía más soldados a la guerra (justa, por supuesto) recogerá el premio Nobel de la Paz en unos días.