Pedro de Silva
Todos los vientos, con sus temporales respectivos, tienen un prestigio y reputación que nadie discute, pero el Norte es el Norte, y siempre lo será. Últimamente se hacía mucho de rogar, parecía que su furor había aplacado, y estaba, además, el asunto del deshielo de los casquetes. ¿Qué podía ser ya el Norte sin casquetes? Pero no hay que confiarse jamás con los viejos rockeros, ni con los lobos viejos. El regreso del Norte, corriendo todo el campo, de Norte a Sur, a la antigua usanza, ha sido clamoroso. El plomo del cielo del Norte en pleno avance no lo ha igualado nadie, como tampoco su forma de tronar: ese estallido seco que se adentra luego en las entrañas profundas de las nubes, donde retumba largamente. Cante hondo del trueno. O esas ráfagas tercas de aire que saben arreciar con poderío, y no se andan con rodeos ni rachas. O, en fin, el frío, tan verdadero y firme, puro polo.