Consuelo Sánchez Vicente
En un encuentro con el grupo de Mayores del PSOE, el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, ha dicho que las cuentas de la Seguridad son "magníficas" y gozan de una "salud de hierro"; salid a los senderos y predicad la buena nueva para tranquilizar a los pensionistas, le ha faltado decir. Magnífica, la ocasión que ha perdido de buscar otro ejemplo mejor o, en su defecto, de callarse. Salud de hierro, pues hombre, peligro de quiebra inminente es verdad que no hay y sería una crueldad agitar el fantasma de que sus magros ingresos peligran ante los actuales pensionistas. Pero hasta el hierro se funde y se deshace, es cuestión de aplicarle el suficiente calor; y se oxida, se corroe y se quiebra como una hoja seca cuando entra en contacto con el agua, aunque sea una sola gota. Esta manía de Corbacho de tirar de propaganda cuando todos estamos al cabo de la calle de la ruina que tenemos encima por el paro, la crisis y la tendencia a convertirse en una ´palangana´ de la curva demográfica española –el borde, los mayores, la base los jóvenes– son ganas de meterse en problemas.
Hasta el presidente ha dicho que quiere subir la edad de la jubilación para evitar que las pensiones quiebren, no hoy, mañana. Para evitar que pase con las pensiones lo que está pasando con los sueldos que antes llamábamos con guasa y cierta suficiencia ´mileuristas´, que hoy son casi sueldos de ricos. Ahora a los jóvenes no se les paga ni eso. O nada, porque hay mucha empresa lista que está cambiando a los trabajadores por becarios gratis total. Le va a pasar, ministro, como con la cartita de autobombo que acaba de mandarle a mi padre presumiendo de que le ha subido cuatro euros la pensión; en realidad, cobra tres menos porque han subido los impuestos. Está que trina no por la bajada sino por el engaño. Y como mi padre, ministro, hay millones de ´mayores´ que saben sumar.