Francisco Muro de Iscar
Para olvidar los míseros rencores, las rencillas entre socios, la utilización partidista de todo que presenciamos entre nosotros cada día, viene bien alzar la vista a otras personas, a otras realidades, a algunos ideales nobles. Ha estado estos días en España una mujer iraní, la Premio Nobel de la Paz 2003, Shirin Ebadi. En 1969, a los 22 años, fue la primera mujer juez en Irán. Cuando triunfó la revolución de los ayatolás, le ofrecieron seguir en el juzgado, pero de secretaria y bajo un juez que ni siquiera tenía la carrera de Derecho. Un guardián de las esencias de los opresores. Decidió ejercer la abogacía y defender a los que desde entonces son prisioneros del fanatismo, de la intolerancia, del terror. Cuando recibió el Nobel creó el Centro para la Protección de los Derechos Humanos. El mismo día en que se cumplían 60 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, antes de las últimas y fraudulentas elecciones, decenas de policías allanaron el local, ficharon a todos y sellaron sus puertas.
No pudieron, sin embargo, callar a esta pequeña mujer, que no tiene miedo a las amenazas, a pesar de que su marido sigue en Irán y ha sido detenido, al igual que su hermana. Desde las últimas elecciones, Shirin Ebadi no ha vuelto a Irán. Vive prácticamente en los aeropuertos. Acude donde la llaman. Levanta su grito sereno contra los usurpadores de la libertad de los ciudadanos iraníes. Denuncia las detenciones, las persecuciones, las ejecuciones, las últimas hace apenas unos días, de quienes no han cometido más delito que pedir libertad.
Recuerda que las leyes injustas que hoy padecen los iraníes consagran los latigazos, las amputaciones, las lapidaciones, las crucifixiones y hasta la ejecución de menores. En pleno siglo XXI en algunos países, como Irán pero no sólo allí, la vida no vale nada. La de las mujeres, menos aún. Se rebela cuando se le habla de que es la doctrina del islam. Se ha estudiado a fondo esta religión para demostrar a los ayatolás que el Islam es compatible con los derechos humanos. Confía en los jóvenes, en las nuevas tecnologías. Cree que la democracia volverá a Irán porque está arraigada en la sociedad, pero necesita ayuda. Ni ella debe callar ni nosotros dejar de darle apoyo. Hay que exigir que se cumplan allí los derechos humanos que defiende la noble y limpia voz de la abogada Shirin Ebadi.