Domi del Postigo
Creo que sería bueno que terminado el semestre el presidente hiciera una remodelación importante del Gobierno; ésa es mi opinión porque sería una inflexión, un signo inequívocamente claro de que se quiere recuperar terreno, de que se quiere dar respuesta". Parece ser, como él mismo ha respondido en su defensa frente a la reprimenda de Tomás Gómez y otros compañeros de su partido, que el presidente de Castilla La Mancha, José María Barreda, sólo contestaba a la pregunta de un periodista cuando éste le preguntó sobre la necesidad de reducir ministerios frente a la crisis. No es de extrañar que el periodista se quedara ´cuajao´ al oír una respuesta de verdad, ciertamente comprometida, una respuesta que se sale de la cinta sonora que parece hilvanar las cabezas parlantes de quienes contestan siguiendo la línea políticamente correcta. O mejor, partidistamente indicada (lo que suele ser sinónimo de contraindicada socialmente en no pocos casos).
Cuando algo tan normal como lo que le ha pasado a Barreda sucede en la cabeza de alguien, algo como contestar a lo que se le preguntaba sin más perífrasis ni triquiñuelas dialécticas que una verdadera respuesta, algo como evitar la acumulación de frases que no dicen nada o que se pronuncian contra el sentido común de quien las escucha, el cerebro soporta menos presión y su propietario ya no necesita soltar un "hijo de puta" a la primera de cambio en cuanto cree que los micrófonos están cerrados. Me refiero al ya célebre exabrupto dirigido a otro correligionario por la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, cuya malignidad supera con creces al inocente "manda güevos" del también popular Federico Trillo, quien en aquellos días navegaba "al alba y con viento de Levante" por la presidencia del Congreso.
Pasa igual con la cara. Más dura será la caída de los labios cuanto más tiempo se mantenga ante los demás la sonrisa forzada. Y si una cámara que el sonriente habitual cree apagada le pilla "ahora que nadie nos ve", el nuevo rostro de quien siempre nos sonreía nos parece de otro, lo que puede llegar a asustarnos. De hecho a mí algunos hace tiempo que me dan miedo.
Pero esa apariencia extraterrestre que nos quieren colar desde la política como algo normal, ni siquiera nos importa cuando algo que de verdad importa nos hace a todos olvidarnos de que hace tiempo que vivimos en el planeta Marte. Algo como 4 millones de parados recrecidos de manera desbocada en los dos últimos años. Cuando esto nos está ocurriendo, es de una altísima responsabilidad que el Gobierno diga que va a subir a 25 años cotizados la condición para acceder a una pensión mínima es decirles a quienes están parados ahora que se alejarán más que antes de poder percibir una pensión algún día. Y peor aún, aunque sea mejor, haber dicho después que el programa de estabilidad que se ha enviado a Bruselas conteniendo esa propuesta sólo era una ´simulación´. Todo empieza a parecerlo.