Cartas al director

 

El muro de las lamentaciones

Se me ha ocurrido este título para referirme a todo lo contrario. Pero es que en la actualidad te encuentras con la mayoría de gente que está todo el día ‘lamentándose’; es cierto que hay muchos, muchísimos problemas en el mundo ¡y tantos! Pero, ¿cuándo no los ha habido? Volvamos la cabeza atrás y, desde los tiempos de Adán y Eva, fijaos si la historia no ha pasado momentos aún peores que los que tenemos, ¡que ya es decir! Es verdad que podemos vernos incapaces de resolver tantos problemas, pero no es así. Siempre habrá alguien que necesite una sonrisa de aliento, una palabra amable, una limosna dada con amor, un pequeño elogio para estimular.
La misión de una persona de buena voluntad es llevar ayuda y alegría a un mundo que está triste, aunque aparentemente nunca se han divertido tanto. Estar alegres es una forma de dar gracias por los innumerables dones de cada día; nuestra alegría es el primer tributo que debemos agradecer a Dios. Con nuestra alegría hacemos además mucho bien a nuestro alrededor. Dar alegría a los demás será frecuentemente la mayor muestra de caridad, el tesoro más valioso que damos a quienes nos rodean.
Es una muestra de caridad grande hacia los demás –la de esforzarnos por alejar la tristeza de nosotros y de remover su causa–.
Una alegría serena y amable debemos procurar llevar a nuestro lugar de trabajo, a nuestras relaciones con los demás, y también la necesitamos para nosotros mismos. Cuanto mayor sea nuestra responsabilidad, mayor también nuestra obligación de tener paz y alegría, sobre todo en nuestros hogares. Cuántos males se evitarían si esta alegría formara parte de nuestra vida diaria. Qué bien nos sentimos cuando nos sonríen, ¿verdad? Pues intentemos cada uno hacer los mismo con los demás.
El Libro de los Proverbios dice “la tristeza seca los huesos”. ¿Será ése el motivo de que haya hoy día tantas personas aquejadas de esta enfermedad?
Elena Baeza
Málaga

¡Sonría, por favor!

Hace años se puso de moda este eslogan y creo que fue bastante bien aceptado por el público. Estamos malhumorados, tristes, desilusionados. Las cosas que suceden a nuestro alrededor pública y privadamente nos agobian. Podemos hacer, pero nos declaramos vencidos antes de empezar… Quizá nos falte la ilusión, algo que nunca debimos perder por muy fuertes que fueran los vientos. Empezar de nuevo por cosas pequeñas es una buena receta… Y una sonrisa no cuesta mucho al que la da, pero sí significa mucho para el que la recibe.
Así que… ¡Sonría por favor!
Ana M. Baldán
Málaga

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