Rafael Ordóñez
Si pasa hoy algunos de nuestros vecinos ucranianos por esta página entenderá rápidamente el significado del título que le he dado a esta columna primisemanal. Con ese nombre de Holodomor se conoce el exterminio de alrededor de seis millones de ucranianos a manos de la bestia más infame que han conocido los siglos: Iósiv Visariónovich Dzhugachvili, más conocido por su alias criminal de Stalin. La limpieza la llevó a cabo el tirano entre los años 1930 y 1932 reduciendo por hambre a la población. Tenía que doblarles el cuello a los recios y rebeldes ucranianos y lo intentó de la manera más expeditiva: matándolos por hambre. Traigo esta historia al bies de este artículo porque ha sido noticia en nuestro parlamento nacional en estos días. Allá, en la carrera de san Jerónimo, do mora cualquier cosa menos el duro trabajo, un representante de la soberanía nacional, a la sazón de CiU, propuso que el Holodomor entrase a formar parte de los textos educativos que manejan nuestros mártires adolescentes. Coincide esta propuesta con una recomendación de la Unesco para que los cuatro grandes genocidios del siglo veinte sean conocidos por las almas de cántaro de nuestros jóvenes. Para los que se les haya ido el santo al infierno, recordarles que esas monstruosas matanzas fueron, por orden cronológico, el Holodomor ucraniano a manos del "padrecito de todos los pueblos", el Holocausto judío a cargo del infame criminal en serie de nombre Adolf, el asesinato en serie de entre dos y tres millones de personas en Camboya por el gobierno del camarada Pol-Pot y el exterminio programado de casi un millón de tutsis a manos de hutus en Ruanda en 1994 entre la indiferencia del mundo llamado civilizado, cuando no de la colaboración en la barbarie como fue el caso del gobierno de la dulce Francia. Liberté, Igualité y Fraternité, ¡toma ya!, que se lo cuenten a los tutsis y verán la risa que les da.
Pues bien, sepan ustedes y sepamos todos que la propuesta del representante de CiU, la recomendación de la Unesco, fue rechazada por el bloque que se conoce con el decimoctávico nombre de ´izquierdas´. A la cabeza del grupo, el partido que sustenta al gobierno. Ni que decir tiene que a continuación de votar se deshicieron en explicaciones, a cual más mema, para decir que estaban a favor de lo que habían votado en contra. No me dirán que no son geniales. Bastaba con haber votado a favor. No me faltan ganas de hurgar en la brecha abierta y remontarme un poco más lejos y hablar de tiempos que siempre prefiero pretéritos. No estoy aquí para comentar la política nacional y a eso procuro ceñirme. Pero cuando están en juego la dignidad, la justicia y la memoria de millones de masacrados por un criminal insaciable y por una ideología perversa, no callaré. Por eso no callo, ni callaré, ante el martirio de los presos de conciencia cubanos torturados y eliminados por un régimen atroz que le sigue haciendo mucha gracia a unos cuantos millonarios indecentes de nuestra patria.
A la edad que tengo, esta indigencia mental de ´derechas´ e ´izquierdas´ me resulta indiferente hasta un punto que ninguno de mis lectores imagina. He vivido ya algo y he leído no poco para que ambos conceptos me resbalen ampliamente espalda abajo. Pero por lo que no voy a pasar es por admitir que haya genocidios ´buenos y genocidios ´malos´, asesinos ´buenos´ y asesinos ´malos´, asesinados ´buenos´ y asesinados ´malos´. Mientras haya alguien que piense así, la próxima matanza será siempre posible. Tenemos que recuperar todos la decencia y gallardía de condenar el crimen, venga de donde venga, y de defender la Vida, la Libertad y la Dignidad Humana siempre, sin peros y sin cuentos.