Cartas al director

 01:23  

Los políticos defienden el sistema que les da de comer

Ante la carencia de ideas para mejorar la situación de los sectores de población más débiles económicamente que no en número, a los votantes termina por darles igual votar a un partido de izquierdas o de derechas puesto que al final todos los grupos políticos defienden el sistema que da de comer a sus políticos profesionales.
    De este modo se simplifica todo ciñéndose a dos partidos políticos y algún que otro partido regionalista también debidamente aburguesado que cuando ve sus bolsillos en peligro llama a gritos a las fuerzas del orden público patrias, olvidándose hasta que pasa la crisis de su afán supuestamente soberanista. Poco a poco van matando la democracia prefiriendo la seguridad de sus poltronas a la libertad colectiva para elegir cómo quieren vivir.
Manuel Salvador Bastazo
Málaga

Humillada y ofendida

Una trabajadora con 8 años de amplia experiencia en hostelería y en paro desde diciembre pasado, recibe la llamada de una empresa de externalización (la que contrata el personal de un hotel para que éste ahorre gastos) que la cita en un hotel de Fuengirola donde participa en una sesión de dinámica de grupo. Se trata de seleccionar camareras de pisos, no  puestos de alta responsabilidad; pero, por lo visto, ya no basta con valorar un currículum bien informado. Tres semanas después, la empresa en cuestión la emplaza a presentarse el lunes pasado en el hotel para pasar unas horas de formación y comenzar a trabajar en firme el día siguiente. La ‘formación’ consiste en acompañar a una camarera de la plantilla que la orienta sobre el protocolo de limpieza de cuantas habitaciones puedan arreglar en 3 horas y media. Pasado el –a todas luces innecesario– trámite, la gobernanta le dice que la empresa la llamará por la tarde. Como la tarde pasa y la llamada no llega, es la aspirante quien telefonea para oír que las plazas están ocupadas por otras aspirantes que habían hecho la formación días antes, y que, dada la escasa ocupación, el prometido trabajo se hará efectivo en Semana Santa o en verano. Además, en contra de lo afirmado en el primer encuentro, le aseguran que la jornada de formación no es retribuida. Total: dos viajes, ida y vuelta, Málaga–Fuengirola; dos mañanas perdidas, y tres horas y media trabajadas sin cobrar.
    He contado este absurdo episodio sin adornos ni comentarios para acabar afirmando que sólo se puede entender bajo la óptica del desprecio con que tratan las empresas (en este caso, la hotelera y la de empleo) hacia quienes sólo aspiran a un puesto de trabajo, aún por debajo de sus posibilidades.
José Ramón Torres Gil
Málaga

Derecho a opinar

Tras las críticas vertidas sobre el actor Willy Toledo por sus desgraciadas declaraciones calificando de delincuente común a Orlando Zapata, preso cubano fallecido después de una huelga de hambre, se ha levantado en defensa de don Willy un grupo de sus colegas (trabajadores de la cultura, se llaman) que reivindican el derecho a opinar y a participar en el debate político; un derecho que les estaba prohibido sin que nadie nos hubiésemos enterado.
    Se han mostrado dolidamente solidarios con uno de los suyos que, al lanzar una opinión injuriosa contra Zapata, creyó que como éste ya no podía defenderse (es lo que tienen los muertos) su injuria quedaría sin contestación. Pero no; le han respondido algunos vivos, y esto, ay, no ha gustado a nuestros trabajadores de la cultura que se sienten víctimas de una auténtica campaña inquisitorial. Acostumbrados como están a ser los dueños de los micrófonos y a que sus palabras sienten cátedra, confunden las réplicas a sus cuestionables opiniones con la persecución. Curiosa confusión porque, salvo que exista alguna desconocida ley que les otorgue el privilegio de opinar sin que nadie les replique, no gozan ellos de mayores ni mejores derechos que el resto de ciudadanos. Lo de opinar sin que nadie te conteste es principio practicado en algún paraíso caribeño de esos que los trabajadores de la cultura tanto aman en la distancia, pero en nuestra limitada democracia no hemos llegado a tan eximio privilegio. Por estos pagos, la libertad de expresión es más complicada: si opinas sobre alguien, aun cuando esté muerto, otro alguien vivo te puede contestar. E incluso admitiendo que tales contestaciones pueden resultar incómodas, no lo son tanto como el llegar a morir en una huelga de hambre para que el mundo se entere de que ni siquiera tenías derecho a opinar.    
Miguel Ángel Loma Pérez
Málaga

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