Domidel Postigo
Hay que ser muy valiente para vivir con miedo, dejó dicho Ángel González. Y muy poco valiente para vivir con resentimiento y no dejar de entornar los ojos y mirar decididamente hacia delante, que podrían decir quienes han sobrevivido al dolor de andar heridos por la vida. Por eso lo peor de las declaraciones del ex ministro Sevilla es la parte en la que dice que Sonsoles, la mujer de Zapatero, no debiera fiarse del presidente del Gobierno. Es de un resentimiento y de una falta de elegancia desalentadora. De la misma manera que lo fue aquel zafio intento de Miguel Sebastián de desacreditar a Gallardón en un debate televisado, cuando le nombró a la abogada imputada con quien los ecos de sociedad relacionaban sentimentalmente al alcalde de Madrid. Jordi Sevilla fue ministro de Economía y quien le enseñaba campechanamente a Zapatero a entender los fundamentos financieros del Estado "en un par de tardes". Y Miguel Sebastián sigue siendo ministro de Industria. Así que la debilidad de carácter que ambos demuestran adquiere una dimensión preocupante vista desde la ciudadanía.
La gente de este país –eso que quiere Griñán que sean ahora los políticos de su partido, "seamos gente"– vive con miedo después de la bonanza, sobredimensionada y en gran parte desaprovechada, de los últimos años de más que vacas gordas elefantes gordos, pero también de ´ballenas blancas´, casos Malaya, y últimamente, como pretende el alcalde de Alhaurín el Grande, de guerras de Troya. Vivir con miedo. A quedarte embarazada, a decirle que no al niño, a votar a otro y que sea para peor, al corralito bancario, a que te vuelvan a subir la hipoteca, a que te sigan enviando facturas y te metan en el Rai después de un calvario de telefonistas robotizados y faxes para darte de baja del teléfono.
El miedo a perder el trabajo de la parte aún trabajadora de esta sociedad, aun siendo muchos de quienes la integran funcionarios que han visto sobrevalorarse su sueldo con la bajada del IPC y la caída del consumo, o trabajadores fijos de empresas que van viento en popa desplegando el velamen a favor de la crisis, que las hay. El miedo a quedarse varados sin horizonte laboral claro de quienes han perdido su trabajo y apuestan a la ruleta ilegal de la economía sumergida. El miedo a no conseguir cotizar ni siquiera los años necesarios para tener una pensión algún día de quienes viven enredados en trabajos discontinuos y al salto de mata con contrataciones basura. Y el miedo de todos a no llegar a los 67 para cobrar una pensión, o a que ésta ya no exista si no es privada o a que la pensión privada se vaya a pique por una quiebra mal gestionada. O el miedo a que nos volvamos viejos antes de tiempo perdiendo el tiempo de vivir en cómo sobrevivir para llegar a viejo, al tiempo.
Mientras sigamos asustados harán con nosotros lo que quieran. Y hay que ser muy valientes para afrontarlo, es verdad.