“Más vale honra sin barcos que barcos sin honra”
Tras la orden del juez Velasco, exigiendo la búsqueda y captura de varios presuntos terroristas afincados en Venezuela, el presidente de dicho país ha amenazado descaradamente a los intereses españoles en aquella nación. El señor Chávez no comprende que en España la justicia es independiente de otro cualquier poder y cuando actúa lo hace bajo criterios exclusivamente judiciales. Entiendo que esto es difícil de asimilar para quien hace pocas fechas aparecía en televisión ordenando expropiar bienes a diestra y siniestra sin más criterio que su capricho personal.
Ante los reiterados y amenazadores insultos a España, la reacción de la diplomacia española, más que prudente, se puede calificar de timorata y pusilánime. Quisiera recordar, tanto al mandatario venezolano como a las autoridades españolas, la famosa frase que pronunció el marino español Méndez Núñez: “Más vale honra sin barcos que barcos sin honra”.
Claro está que esta frase se pronunció en tiempos en que la honra y el honor eran valores sumamente cotizados.
Manuel Villena Lázaro
Málaga
¿Futura regulación del suicidio asistido?
El Parlamento Andaluz ha votado en marzo una iniciativa del gobierno autonómico andaluz en la que se introduce por ley la sedación terminal a la carta, un primer paso para la futura regulación del suicidio asistido.
Después del aborto libre y pagado con dinero de nuestros impuestos, donde se hace derecho el exterminio de vidas humanas inocentes hasta la semana 22 en casos especiales como bebés no nacidos con síndrome de down, pasamos a la siguiente meta de la cultura de la muerte que está imponiendo el Gobierno socialista, en vez de ayudar psíquica y económicamente a las gestantes, además de canalizar adopciones anónimas.
Con el mal llamado proyecto de ‘muerte digna’, una niña de 16 años tendrá derecho a su propia sedación terminal sin siquiera autorización de los padres, y la familia de un paciente terminal inconsciente podrá decidir si le administran una dosis suficiente de sedantes para que muera.
Con esta ley desaparece el límite de la voluntad de los pacientes y el personal sanitario es mero ejecutor de decisiones sobre la vida de sus pacientes. El Gobierno, con su intervencionismo exacerbado, se hace ejecutor de leyes que van contra el derecho humano más básico del que deberíamos gozar todos, la vida.
Juan Francisco Fernández Aguilar Málaga