Pedro de Silva
Tal como se temía, el término ´nación´ es la bomba-trampa que ha dinamitado el proyecto de sentencia sobre el Estatut. Un escollo insalvable, salvo que los magistrados hagan un retiro espiritual, limpien su corazón de fundamentos en estado puro (o sea, de cristales de fundamentalismo) y lleguen a la única verdad disponible: que las palabras son sólo palabras, y su sentido final lo da la gente. ¿Qué es una nación? Han intentado responder a eso historiadores, etnólogos, filósofos, filólogos, teólogos y hasta algún sexólogo, pues al final cuanto atribuimos al mundo es metáfora de pulsiones genéticas (patente en la expresión ´madre patria´). ¿Puede el Constitucional definir lo indefinible? Si los catalanes se creen nación, ¿dejarán de serlo porque el TC lo niegue?. Ocúpese el TC de competencias, dineros, órganos y poderes, o sea, de lo que es del Cesar, y deje a Dios lo que es de Dios.