DAMIÁN CANEDA
A estas alturas, aunque uno este muy escondido, sabe que el Gobierno, en otro de los bandazos típicos del inconsciente Zapatero, ha tomado la decisión de hacer algunos ´ajustes´. Esto es, para paliar años de frivolidad en el gasto tiene que hacer recortes que aparenten seriedad. Porque, de lo contrario, nos cortan el grifo de la financiación. Siguiendo la marca de la casa son recortes tardíos y muy incompletos.
Su principal virtud es que ya sabemos que le han hecho comprender que estamos mal; hay que dar las gracias a Merkel y Obama. En su favor cuenta con que la opinión pública en general se percata de la situación por el revuelo creado, y es que, con la bajada generalizada de precios, coches, viviendas, viajes, electrodomésticos, etc, aquellos que tienen unos ingresos fijos no habían notado la crisis, sino que incluso se habían visto beneficiados.
Los dos millones trescientos mil parados más y los cientos de miles de empresas cerradas sí, ellos sí lo han notado. Lo que ocurre es que este colectivo de pequeños empresarios y sus trabajadores no suelen protestar, porque no tienen tiempo. Están trabajando, y cuando cierran sus negocios están buscando la forma de empezar de nuevo; son el motor de la sociedad y como todo buen motor, silencioso.
Porque, el ruido no tiene nada que ver con la importancia del hecho. Así, vemos que los sindicatos, que no se inmutaron por la destrucción de 2.3 millones de empleos, amenazan con una huelga general por unos descuentos entre el uno y el cinco por ciento de otros colectivos.
Tampoco importa mucho la tragedia del pequeño empresario que echa el cierre tras años de esfuerzo e ilusión, sin indemnización ni paro. Y además, estigmatizado. Sin embargo, unos cientos de trabajadores de una multinacional discutiendo si la indemnización son cuatro o cinco años de salario o si le complementan el desempleo hasta la jubilación es más o menos, sin ocupar la atención sindical y mediática.
Son desajustes como lo es también que, sabiendo todo el mundo que la causa principal del paro (20%) y temporalidad (33%) es la legislación laboral franquista aún vigente, nadie la cambie, cuando, además también es una de las causas importantes de la baja productividad.
Más. Se discute continuamente el exceso de parlamentarios y cargos de confianza, pero no dejan de aumentar. Tenemos 4.5 millones de parados, 8.5 millones de pensionistas y unos 3 millones de empleados públicos, aparte de unas cuantas decenas de miles de liberados sindicales, ¿no nos damos cuenta de este desajuste? Pocos tirando del carro y muchos encima. El ajuste necesario no es bajar un 5% a los funcionarios, sino congelar su número, reformar la administración evitando duplicidades y eliminar empresas y organismos públicos innecesarios.
Tampoco es solución subir los impuestos para pagar más parados, sino hacer las reformas necesarias para que no haya más de lo que sería lógico en un país desarrollado, y no cuatro millones y medio que tenemos ahora.
Ni se pueden pedir más impuestos para cubrir boquetes de cajas mal gestionadas si antes no se adecuan las plantillas y salarios de las mismas y, por supuesto, se hace pagar a sus Consejeros por el daño causado.
Pues bien, a pesar de todos estos desajustes y de no tener voz, las Pymes seguirán creando el 90% del empleo, soportando a una Administración ineficiente y sintiéndose orgullosa de ser el motor del sistema.