Cipriano Torres
En la pantalla se veía ante el atril de metacrilato a Mila Ximénez soltando una perorata sobre algo. Se retira al terminar y se dirige a la mesa, donde creo que Kiko Hernández picotea algo de los muchos platos que les ponen. Mila se pone de espaldas a cámara y se retira de la cara algo con la mano, que no vemos. ¿Estás llorando?, quiere saber el jefe de pista, Jorge Javier Vázquez. No, contesta veloz, es que se me caía un moco. Todos ríen. Con ganas. Creo que Kiko sigue comiendo. De ahí pasan a la puerta en obras del Congreso, donde hace guardia, esperando la conexión, Adriana Abenia, que va tocada con un sombrero de paja. No tiene nada que decir, pero en Sálvame eso no es problema. A esta chica, expulsada por la audiencia junto a la escasa fresa ácida Carmen Alcayde, la han recuperado para que haga la calle. Y ahí anda. Buscándose la vida.
Luego conectan con Honduras antes de que José Manuel Parada gritando ¡por España! se tirara al agua en calzoncillos como un superviviente. El señor Parada se toma unos brebajes frutales al borde de la piscina del, eso dice, hotel de lujo que lo acoge antes de exponerse como una simple legionaria a la picadura de los mosquitos. No tiene nada que decir, pero en Sálvame eso no es problema porque ahí todo vale. Pero si nos metemos en foros, la gente lo tiene claro. Me meten a José Manuel Parada en la isla, escribe uno, y prefiero que me aten una cuerda y me echen a los tiburones. Como yo tampoco tengo mucho que decir, lo digo ya. Da igual que echen a quien sea o se quede quien sea. Supervivientes. Perdidos en Honduras lo ganará Belén Esteban. Pero si Belén no está en el concurso, salta el listillo. Y eso qué importa. Ganará. ¡Por España!