El recortazo de José Blanco

 

Francisco Muro de Iscar Cuando el vicesecretario general del PSOE pasó a ser ministro de Fomento y empezó a escribir en el BOE, Pepiño se convirtió en don José y el enemigo público del PP se sentó, amable y con chequera, no sólo con Esperanza Aguirre sino con todos los presidentes de comunidades autónomas para repasar las obras públicas pendientes y «rematar» las infraestructuras que nos debían llevar a la ultramodernidad. A todos les dejó satisfechos porque todos los proyectos se iban a llevar a cabo.
José Blanco está siendo un buen ministro de Fomento –infinitamente mejor que su antecesora, aunque eso no era nada difícil–, pero como decía Dante «no hay mayor dolor que recordar los tiempos felices desde la miseria». Cuando Zapatero le hizo ministro, le encargó vender lo que el socialismo vende siempre: sólo la inversión pública puede sacar al país de la crisis. Lo público es, atávicamente, la panacea de los socialistas y los sindicalistas y lo privado el comienzo de todos los males: mientras unos reparten la riqueza, otros se la roban a los pobres y se la llevan a casa, pero la verdad es que el empleo y la riqueza estable los crean los emprendedores privados. Cuando el Estado quiere organizar la vida de todos, ser el primer empresario, tener todos los resortes en su mano acaba creando clientelismo, ahogando la iniciativa privada, dictando normas a tutiplén y prohibiendo todo lo que puede: desde fumar hasta comprar un bollo en el colegio.
Ahora el ministro de Fomento ha sido víctima de los recortes exigidos por Europa –los que nunca quiso hacer Zapatero– y se ha presentado en el Congreso para decir que suspenderá definitivamente o retrasará hasta mejor oportunidad 220 contratos de carreteras y ferrocarriles para ahorrar entre este año y el próximo unos 15.000 millones de euros. Comisiones Obreras ha dicho ya que esos recortes suponen la pérdida o la no creación de 100.000 empleos. Otro motivo más para el deterioro de las relaciones entre Gobierno y sindicatos. Como además, entre las comunidades más afectadas por los recortes está Cataluña –detrás de Castilla y León– la situación se complica aún más porque los políticos catalanes lo tomarán como un nuevo agravio.
Mal lo estará pasando Blanco, pero mucho peor los que se van a quedar sin trabajo, las empresas que van a cerrar, los que se van a quedar sin líneas de tren, sin autovías o sin AVE. Y lo malo no es que se recorten gastos públicos, sino que hace cuatro días nos vendieran que no se iba a hacer, que no era necesario, y que esa era la gran apuesta de Zapatero, su «compromiso» con las ideas y con los ciudadanos. Nos quedamos sin crédito, sin proyecto y sin ideas. Decía Winston Churchill que «el vicio inherente del capitalismo es el desigual reparto de bienes; la virtud inherente al socialismo es el equitativo reparto de la miseria». Es una simplificación excesiva e incierta en sentido estricto, pero se aproxima a lo que ha pasado y a lo que está pasando.

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