José Luis Marcos Medina
Hace unos días concluí la lectura del «Informe Socioeconómico de la provincia de Málaga y propuestas empresariales ante la crisis 2009-2010», publicado por la CEM. El informe coincide, básicmente, con el del año 2008. Quizá porque para la CEM la situación sigue siendo, básicamente, la misma.
A J.K.Galbraith le preguntaron los periodistas si los economistas sabrían cómo salir de una crisis, a lo que respondió: «los economistas no sabemos qué hacer para salir de una crisis, y los demás menos». Una afirmación que corrobora la tesis de quienes mantienen que la economía es capaz de analizar hechos pasados, pero incapaz de asegurar hechos futuros.
De momento parece haber total coincidencia en que estamos ante una crisis financiera internacional que provoca tensiones en el mercado interbancario, es decir, un endurecimiento del crédito con la consiguiente disminución de liquidez para las pequeñas y medianas empresas, lo que provoca una disminución de la actividad, aumento del paro, y disminución del consumo y de la inversión. Y ya se sabe: en una economía global todas las economías se ven afectadas, sobre todo en sus aspectos negativos. La de Málaga no es una excepción. Y a pesar de lo arriesgado de asegurar hechos futuros, no hay más remedio que mirar hacia adelante y trabajar duro para «acabar de una vez con la única crisis amenazadora: la tragedia de no querer luchar por superarla» (Albert Einstein).
La CEM se moja. Tras analizar los sectores de la economía malagueña más afectados y las consecuencias que están originando en el tejido productivo, en las empresas, en el mundo laboral, etc., formula una serie de propuestas, desde la perspectiva empresarial, para salir de la crisis. Si dichas propuestas son o no las adecuadas lo dirá el tiempo, y lo acertado del análisis del que se parte. Pasa igual que en la clínica: una maniobra terapéutica es más eficaz cuanto más acertado y precoz es el diagnóstico.
Pero yo no voy a cuestionar el análisis, ni siquiera a comentarlo. Sí quiero comentar algunas cuestiones que me llaman poderosamente la atención en la inevitable relación causa-efecto entre diagnóstico y tratamiento.
Una: si la situación económica actual es consecuencia de una crisis financiera internacional, ¿por qué el mayor esfuerzo se le pide al sector público? De acuerdo que el dinero que gestiona la administración lo ingresa de los impuestos directos e indirectos de los trabajadores, ciudadanos, de las actividades económicas de las empresas, etc., con el fin de garantizar una serie de prestaciones sociales, lo que exige un riguroso control del gasto público. Pero lo exige siempre, haya o no crisis. Sin embargo, ahora se proponen como medidas empresariales o soluciones a la crisis reformas fiscales, reforma del sector público, reforma del mercado laboral, reforma del sistema educativo, acortar los plazos de pago de la administración pública a las empresas, reducir los costes empresariales,etc. Medidas que sin duda ayudarán a superar esta situación, y que son el resultado del esfuerzo colectivo. Pero, ¿cuál es el esfuerzo que se le pide al sector financiero?
Dos: mejora de la competitividad y reforma de los mercados. Es otra de las propuestas empresariales, con la que estoy de acuerdo en cuanto objetivo a conseguir, pero no tanto con las medidas que se proponen para ello: libertad absoluta para el mercado, la desregulación, mayor debilidad de la intervención pública,... Lo que llevará a una menor protección social, mayor rigor salarial para los trabajadores,etc. Creo que hay un camino mejor para llegar a ser más competitivos: la innovación, algo por lo que la CEM apuesta decididamente y que no se refleja en el referido informe. Sin embargo, la CEM ha promovido y elaborado la Guía Práctica de Innovación para PYMES malagueñas en un claro compromiso por la competitividad desde la introducción de nuevos productos, procesos, de nuevos procesos, etc., y desde el consenso con las organizaciones sindicales y las administraciones.
Tres: la sostenibilidad. Es la propuesta empresarial que más gratamente me ha llamado la atención. Dentro de cualquier proyecto innovador la sostenibilidad es un elemento imprescindible. Pero la sostenibilidad total, o entendida desde los tres factores que la componen: mediambiental, económica y social. La sostenibilidad no es una moda, sino un modo de vivir. Ni tampoco es un sello, como el de calidad, sino una seña de identidad de la empresa del futuro, que para ser competitiva tiene la necesidad de diferenciarse, de trabajar en el camino de la excelencia. Pero la sostenibilidad no puede ser un compromiso sectorizado: la económica de la empresa, la social del Estado, y la ambiental de compromisos voluntaristas. No. O es un compromiso de todos o no será.
La sostenibilidad es un camino que nos puede llevar a otro modelo. Y a lo mejor de eso se trata.