JESÚS ZOTANO
No ha pasado todavía un año desde que Loles León, con su pícara sonrisa, pedía al Ayuntamiento de Benalmádena «más dinerito y apoyo para la cultura» desde el escenario donde se celebró la pasada edición del Festival Internacional de Cortometraje y Cine Alternativo que dicha localidad celebra desde 1997. Ella, traviesa y extrovertida como siempre, acudió a recoger el Premio de Interpretación que le brindó el Ficcab y no quiso dejar pasar la ocasión que le brindaba el acto para ponerle las orejas rojas a los políticos. Acto seguido, el alcalde benalmadense, Enrique Moya, subió a ofrecerle el galardón a la actriz y, sintiéndose aludido, dijo: «No seré yo quien acabe con este festival». Sonaron los aplausos. Los amantes del cine se sintieron satisfechos. ¡Parece que Benalmádena apuesta por no dejar escapar el valioso tren de la cultura!
Pero hoy nos despertamos con una noticia que echa por tierra aquella afirmación del edil. El Ficcab no se celebrará este año. O al menos no lo hará con invitados de renombre, galardones especiales y cintas a competición. La razón: el Ayuntamiento lleva dos años sin poner un euro sobre la mesa y el director de esta cita con el cine independiente, Jaime Noguera, cree poco honrado por su parte convocar un concurso con premios cuando los de los años pasados están aún por abonar por parte del Consistorio y mientras trabajadores y distribuidoras están que trinan con el eterno retraso de los pagos. Pero Noguera no quiere que se pierda la marca Ficcab, sinónimo de calidad y de una magnífica manera de difundir las cinematografías menos apegadas a las palomitas. Por ello no consentirá que la decimotercera edición del certamen deje de celebrarse. «Volveremos a los inicios, de forma independiente y con una sencilla proyección de cortos. Aunque sea en un bar». Resulta curioso cómo los ciudadanos luchan por la cultura mientras los políticos, tan ocupados ellos, no hacen ni por levantar el teléfono para aclarar las incógnitas sobre este asunto.
Enrique Moya, asesorado por su concejal de Cultura, José Nieto, –todo un experto de la gestión cultural hecha a base de verbenas flamencas y certámenes de acuarelas– ha dejado que el Ficcab se muera de hambre. La criatura, parida por Noguera y José Ramón Martínez hace trece años, sobrevivirá a la morosidad y la desidia de los políticos de turno, parapetados en la crisis económica con el fin de ocultar el total desinterés sobre un certamen que, año tras año, ha hecho de Benalmádena una ciudad de cine.