Rafael M. Guerra
Es el golfista del pueblo. Quizá porque encarna el estereotipo del antigolfista. Se intuye un generoso buche debajo de su polo, patrocinado por Turismo Andaluz. Su melena pelirroja luce al viento, bien recogida por su gorra. Ha cumplido ya los 46. Tiene la tez tostada, quemada por tanto sol, bendito sol costasoleño. Ni es el más fuerte ni el más guapo ni el más chic. Tampoco es el que más fuerte le pega a la bola ni el más certero en el green. Si acaso, el más veterano. Pero él, Miguel Ángel Jiménez, ha destruido todas las barreras. Es ya el mejor golfista español del momento. Y tras conquistar ayer el Masters Europeo en Suiza se ha convertido en el único jugador en levantar tres títulos esta temporada en el Circuito. Nada más embocar el último putt, otro jugador malagueño, Pablo Martín, que, con 24 años recién cumplidos bien podría ser su hijo, le arrojó a un estanque. Miguel se rió, salió como pudo y sobre la fina hierba del hoyo 18 levantó sus brazos en señal de éxito, de júbilo, y encendió su inconfundible puro. Un buen habano para aspirar por su triunfo y llenar sus pulmones de sabor, fragancia y aroma. «No das buen ejemplo», le recriminaron una vez. «A los niños que los eduquen sus padres», respondió el Pisha.
Criado en una familia humilde, quería ser mecánico pero, a fuerza de ganarse unos duros llevando palos de golf en el campo de El Parador de Málaga, se hizo golfista. Como el buen vino que tanto le gusta, el churrianero, amante también de los coches deportivos, mejora con el tiempo. Desde que cumplió los 40 ha alzado once títulos. Y ya va camino de su cuarta Ryder Cup –un enfrentamiento entre europeos y estadounidenses que a los golfistas les chifla y que se disputa cada dos años, alternando continentes–, que se celebrará el próximo mes de octubre en Gales. Su primera aparición en la cita data de 1999. Estar once años en el selecto club de la Ryder y llevar a sus espaldas 22 temporadas en el Circuito es inapelable. Con una regularidad inigualable, Jiménez, recién separado, parece vivir en una eterna juventud. Basta decir que el tercer clasificado en el Masters Europeo, Matteo Manassero, tiene apenas 17 añitos. Cuando nació el italiano, Jiménez ya tenía 29 y multitud de experiencias en las vitrinas de su casa de Churriana. «Me tenía que traer el trofeo a Málaga», dijo en sala de prensa. Málaga y Jiménez es como Picasso al arte, Banderas al cine o Hierro al fútbol. Un reclamo exquisito, turístico y llamativo. Cien por cien malagueño. Cien por cien Jiménez.