Cosas del rebalaje

Los turdetanos de Malaka

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RAFAEL ALDEHUELA En el año 573 a.C Nabucodonor II conquistó Fenicia y con ello, Malaka pasó a ser una ciudad cartaginesa.

Así fue durante los siguientes 300 años, estableciéndose dos colonias principales, una en el exterior, junto a la costa y que fueron llamados libio-fenicios y otra en el interior de origen íbero y que eran llamados turdetanos, hasta que allá por el año 218 a.C. aparecieron soldados que llegaron de repente, se quedaron con las factorías de la costa y sometieron a los íberos del interior, fundamentalmente agricultores, para establecerse en estas tierras con poderosas armas, su lenguaje extraño y sus costumbres y raros ropajes.

Pero no era la primera vez que veían a estos guerreros. Eran gentes que llegaban de los mares por donde el sol sale, bravos, valientes y organizados y que aquellos que habían probado su fuerza sabían muy bien, desde entonces, que debían cuidarse de ellos.
Trajeron con ellos dioses con nombres extraños, pero les permitieron seguir adorando a Merkat, a Baal o a Tanit, porque aunque tuvieran diferentes nombres, poco se diferenciaban sus dioses. No se lo permitieron largo tiempo y al final acabaron como ellos y perdieron y dejaron de ser bárbaros para convertirse definitivamente en romanos.

Siempre tuvieron guerras con los cartagineses, esos a quienes ellos llamaban punos y aunque he de reconocer que hasta entonces, su vida era feliz y placentera bajo su amparo, ahora, cuando la incertidumbre rondaba sus cabezas y temblaban por su futuro, siempre se acordaron de aquellos valientes de los que descendían.

El abuelo del abuelo de mi abuelo le contó la historia que él después me contó a mí y ahora yo, quiero contárosla a vosotros para que nunca os olvidéis de ella, porque esta tierra que ahora se llama Hispania, fue hace mucho tiempo la patria de los vacceos, de los ólcades, oretanos y carpetanos, naciones que vieron un día la gloria y el valor de la villa de Arse, sin duda los hombres más valientes que el mundo ha conocido.
Tenían un acuerdo con los romanos para que les defendieran y por ello muchos conocieron la ciudad, también como Arse Saguntum, antes de caer en manos de los punos, bajo la maquinaria de guerra del general Aníbal que intentó someterlos, algo que consiguió pero sin conseguirlo…

Cartago dominaba el mundo cuando de pronto Roma hizo su presencia en el Mare Nostrum. Al principio ambos imperios supieron respetarse, por lo que en el año 509 a.C., firmaron un tratado que dejaba los territorios mas allá del cabo de Farina en poder de Cartago.

Entonces fue cuando los punos se fijaron en las dos islas que hay frente a las costas de los itálicos y que estaban bajo influencia de los romanos. Hubo guerra y cuando se pensaba que iba a ganarla Cartago, fue sin embargo ganada por los romanos.

Se firmó el tratado de Lutacio que humilló definitivamente a Cartago que entre muchas desventuranzas tenía que pagar a Roma el coste de la guerra perdida. Fue entonces cuando Cartago miró a Hispania, convenciendo a los romanos para explotar sus riquezas y así poder pagarlos. Amílcar Barca fue el primero en batallar contra nuestros hermanos, sin embargo, en la batalla de Illici, cuando luchaba contra los oretanos murió, siendo nombrado nuevo general su yerno Asdrúbal que siguió masacrando a los nuestros.

A Asdrúbal lo mató un criado y fue entonces cuando heredó el arte de la guerra un muchacho llamado Aníbal Barca, hijo de Amílcar y que fue toda una pesadilla en el arte de la guerra.

En el año 226 a.C. Aníbal firmó un tratado con los romanos para no cruzar las tierras más al norte del río Ebro y dirigió sus miradas hacia el importante centro comercial de Arse.

Hubo batalla y al final la única solución para que se rindieran fue el hambre que acabaría provocando el asedio. En las batallas, hasta el mismo Aníbal vio como una falárica le atravesaba el muslo y siguieron los meses de asedio..

Hubo batalla y al final la única solución para que se rindieran fue el hambre que acabaría provocando el asedio. En las batallas, hasta el mismo Aníbal vio como una falárica le atravesaba el muslo y siguieron los meses de asedio.

Finalmente Aníbal pidió la rendición de la plaza y solo exigió que le entregaran su oro. Al día siguiente los habitantes de Arse hicieron una hoguera donde, ante los atónitos ojos de los cartagineses, quemaron todo el oro y después uno a uno, todos ellos se inmolaron en el fuego.
Arse Saguntum nunca se rindió y Cartago se hizo dueña de la ciudad sólo cuando todos murieron. Más no todos, porque algunos que habían conseguido burlar el asedio, llegaron huyendo hasta el sur, se juntaron con los turdetanos y se establecieron en Cártama, muy cerca de Malaka, hasta que se perdieron en el sinfín de los tiempos cuando los romanos lo invadieron todo y de algún modo terminaron con ellos.

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