JESÚS ZOTANO
Hace frío. Es normal. Es febrero y la ola siberiana ayuda a que nos rechinen los dientes. Muy pocos esperamos que durante estos meses haga calor. Sería tan extraño como encontrar a un político reconociendo que no ha estado a la altura. Que la situación le vino grande y que, en parte, es causante de esta crisis que, al contrario que la helada, no tiene pensamiento de irse. El pasado lunes, la delegada del Gobierno andaluz en Málaga, Remedios Martel, sacó la libreta de las calificaciones y le puso a la gestión de la Junta en Málaga en los últimos cuatro años un señor «notable alto».
El balance, por tanto, es para ellos más que satisfactorio. Me llama poderosamente la atención –esta expresión se la he robado de un amigo que la repite hasta decir basta– que los socialistas andaluces tengan tan buena impresión de ellos mismos. Yo, que no me doy nunca por aprobado, rodeado de gente que se tiene en tal alta estima... Y me da por pensar que algo falla. Es probable que mi única conexión cerebral activa no sea capaz de procesar los complejos asuntos de la política autonómica aplicada a la provincia malagueña. Y, claro, rápidamente se me viene a la cabeza una batería de preguntas del tamaño del Endeavour.
Han sido muchos los malagueños que creyeron en una solución para el Campamento Benítez, Arraijanal o la reurbanización de la Carretera de Cádiz. También el anunciado megahospital y el tren del litoral crearon sus expectativas, pero estas cosas no quitan puntos. Así que «notable alto». Parece que tampoco resta que el Ejecutivo andaluz haya mandado a paseo el proyecto del Parque de los Cuentos para la Trinidad y que el metro acumule retraso tras retraso. Ni que haya dejado a su suerte al Festival de Málaga Cine Español retirando la mínima aportación económica que salía de las arcas andaluzas. Ni que ahora haya decidido que la mejor manera de colaborar con la Orquesta Filarmónica sea a través de una subvención. Tampoco merece un punto negativo que el Teatro Romano siga ahí, sin inaugurar y sin programación conocida. Por no hablar de la tremenda caída que el Teatro Cánovas ha sufrido en los últimos años. Nada, «notable alto» porque yo lo valgo.
Se puede entender que algún experto-asesor-analista de la Junta, de esos que hay a porrones y que nunca nadie sabe muy bien de dónde ha salido, haya considerado acertada la estrategia de autoadjudicarse una nota elevada –e indebida–. Vale. Pero hay que ser muy corto de miras para no prever la reacción de repulsa que acompaña tal tomadura de pelo. Nadie cree que la Junta merezca un «notable alto», calificación que, por otra parte, tampoco merece el Ayuntamiento, ni la anterior Diputación, ni el pasado Gobierno central –al de Rajoy aún no le toca evaluación–. Los ciudadanos contamos con las urnas para poner nota a nuestros gobernantes. Y mucho me temo que los socialistas andaluces seguirán irremediablemente hablando de «notable», pues les espera un «notable descalabro» o una pérdida de votos «sobresaliente». Y eso sí que es dar la nota.