GUILLERMO GARCÍA-ALCALDE
El PSOE ha cerrado su 38 congreso federal con un gigantesco saldo mediático. Es de justicia reconocer que los medios públicos actuaron con libertad, conforme al criterio profesional de sus responsables. Si esto sigue así, el pluralismo estrenado en la última etapa socialista preservará con el PP el tono de imparcialidad que mejor sirve a la convivencia española. Análoga ha sido la pauta de los privados que ratifican cada día una deontología independiente. Cada cual en su posición, los demás han participado en una ceremonia comunicativa sin precedentes para un partido en la oposición. Los optimistas verán en ello el saludable instinto de la rotación en el poder y los pesimistas denostarán del perverso bipartidismo. Es de libro.
Antes, durante y después del congreso, la astuta sonrisa de Rubalcaba, sesgada en unos casos o fingidamente conciliadora en sus ojillos de buen chico, describe un proyecto continuista frente a la novedad de la tal vez excedida sonrisa de Chacón. Las fuerzas estaban igualadas y el veterano sabía que la más valiosa enseñanza del 2000 –Zapatero frente a Bono– es ganar por un margen exiguo y concentrar el mando en la elección de los órganos. Como él mismo subraya, su control pasó en horas del 50 al 80 por 100. Nunca perdió la sonrisa en campaña, cuando insistía en el valor de la experiencia, omitía devolver piropos a Chacón, la estrujaba con besos y abrazos o invocaba la unidad y la integración, conceptos olvidados al formar la ejecutiva. Sin perder la sonrisa, ha virado 180 grados sobre el 2000: si entonces ganaron los nuevos, los veteranos tienen ahora la sartén por el mango.
Tampoco era objetivamente nueva la candidatura de la catalana, pero ésa fue oferta (también es la de Arenas en Andalucía, como si nunca hubiera gobernado y perdido). Los socialistas estaban divididos entre la continuidad y el cambio, pero la última táctica de captación entregó a aquélla la práctica totalidad del poder orgánico. El PSOE ha pospuesto la primera oportunidad histórica de dar el timón a una mujer y Rubalcaba desdramatiza la cosa situando a otra en la vicesecretaría general, también por primera vez en la historia del partido. Algo es algo. Todos, afines y oponentes, se llenan la boca elogiando la gran lección democrática del congreso. Ya veremos cuánto duran. Fuera de juego para las próximas generales, Chacón deberá concentrarse en el congreso catalán si no quiere desaparecer.
El nuevo secretario general perdió clamorosamente el pasado 20N pero ya está en posición de desquite. Sonreirá demostrando que su dialéctica parlamentaria era la menos deseada por el PP, pero los resultados no dependerán de las tácticas internas sino del rescate de la confianza popular perdida. Droga dura para el risueño.