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Plaza pública

La calle virtual tiene amo

 05:00  

XAVIER DOMÈNECH En los albores de la transición, algunos quioscos y librerías se negaron a vender las revistas eróticas que proliferaban tras el fin de la censura. Dichos vendedores no querían ser cómplices de algo que consideraban contrario a la moral. Por los mismos años ciertas farmacias hacían parecidas objeciones a la venta de preservativos y otros anticonceptivos. Para los consumidores era más bien un engorro que un problema, ya que les bastaba desplazarse hasta otro quiosco u otra farmacia. Pero ¿qué hubiera ocurrido si todos los quioscos de una ciudad hubieran mantenido la misma actitud? Puede objetarse que tal cosa exigiría una coordinación inusual, pero les ruego que imaginen una ciudad donde la mayoría de puntos de venta fueran del mismo propietario. O un pueblo donde hubiera un solo vendedor de prensa y una única farmacia.

Algo de eso se produce cuando Apple decide censurar el último número de la revista española Muy Interesante porque habla del pene y sus mitos. Se trata solo de un canal de distribución, pero es el canal que lleva la revista a un número nada despreciable de suscriptores en posesión de un iPad. Los usuarios de dicho artilugio tiene una tendencia inducida a moverse por los almacenes de contenidos de la propia marca. Si esta se dedica a la censura de publicaciones, estamos ante un escenario inquietante.

Los motivos para la inquietud son mayores cuando un canal ejerce un monopolio de hecho. Este es el caso de Google, la brújula que nos orienta cada día en la navegación por los mares del mundo paralelo, y que toma decisiones sobre lo que podemos y lo que no podemos ver –e incluso sobre lo que debemos, a través se los enlaces patrocinados que pone en primer lugar–. Está en su derecho de ganar dinero, pues para algo es un negocio, pero no debemos olvidar la responsabilidad aparejada a su posición de dominio.

Ahora va a salir a bolsa Facebook, y se prevé una capitalización espectacular, muy superior a la de Google. Si este ejerce de brújula y callejero, Facebook se ha convertido en la calle misma: el lugar donde las cosas ocurren. Donde nos vemos, nos relacionamos, nos descubrimos, nos reencontramos, quedamos y charlamos incansablemente. Y su grado de monopolio es incluso mayor al del buscador. Al desaparecido Fraga se le atribuye (por Tamames) la frase «la calle es mía», pero lo cierto es que la calle es del ayuntamiento, donde mandan unos concejales elegidos por los ciudadanos, que aplican unas leyes. En cambio, la calle virtual es de propiedad privada. Cabe comenzar a plantearse si esto debe ser así, y si es compatible con nuestro modelo de sociedad democrática.

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